Mircea Mazilu

Hoy se cumplen 181 años de la publicación del decreto sobre la reorganización de Yucatán, en el que se declaraba a este territorio libre e independiente de México. Con este acontecimiento, ocurrido el 4 de marzo de 1840, se daba inicio a un periodo de conflicto e inestabilidad en la península yucateca que duraría hasta finales de aquella década y que estuvo a punto de concluir con su emancipación. En el artículo de hoy, repasamos este episodio de la historia que por poco acabó con la pérdida por parte de la nación mexicana de este territorio tan relevante para ella.

La Capitanía General de Yucatán durante la Época Colonial estaba compuesta por los actuales estados mexicanos de Tabasco, Campeche, Quintana Roo y Yucatán. Al no contar con una Real Audiencia, los habitantes de esta entidad territorial tenían que acudir a la Ciudad de México para resolver sus asuntos judiciales. Derivado principalmente de esto, los virreyes de Nueva España ejercían un amplio control sobre esta provincia española, a pesar de que gozaba de un alto grado de autonomía.

Cuando México obtuvo la independencia en 1821, invitó a Yucatán que se uniera a su territorio y formara parte del imperio. Sin embargo, no fue hasta 1823 cuando, una vez instaurada la República Federal, los yucatecos aceptaron vincularse con la joven nación mexicana. Los sureños aprobaron la unión con la condición de que la República Mexicana se mantuviera de tipo federal para que, de esta forma, la región pudiera disfrutar de su histórica autonomía.

No obstante, en 1835 el presidente Antonio López de Santa Anna derogó la Constitución Federal de 1824 y promovió las Siete Leyes, un código que introducía un gobierno centralista. Este hecho provocó que el 4 de marzo de 1840 los yucatecos se declararan independientes con respecto a la nación mexicana. En octubre de 1841, el Congreso de Yucatán aprobó la independencia, promulgando su propia constitución de corte liberal. Ante esta situación, el Gobierno mexicano emprendió una serie de medidas contra la región sureña, entre las que destacaban la invasión armada y la declaración de guerra.

Después de una serie de negociaciones, el Gobierno mexicano se dispuso a conceder nuevamente a Yucatán la autonomía que tanto reclamaba a cambio de su reincorporación en 1843 al territorio de México. Sin embargo, el Congreso de la nación desaprobó un año más tarde los derechos concedidos a los yucatecos, provocando que en 1846 estos últimos se declararan nuevamente independientes.

No obstante, con el establecimiento en 1846 de la Segunda República Federal y la restauración aquel mismo año de la Constitución de 1824, se abría de nuevo la posibilidad de la reincorporación de Yucatán al territorio nacional, acontecimiento que se llevaría a cabo el 17 de agosto de 1848. De esta forma, Yucatán volvía a unirse a México, una unión que dura hasta nuestros días.

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