Mircea Mazilu

Estimados lectores, el pasado martes 27 de agosto se celebró el Día de la Independencia en Moldavia, un país de la Europa oriental, situado entre Rumania y Ucrania, que formó parte de la antigua Unión Soviética. Después de casi 70 años de existencia, esta última empezó a disolverse en marzo de 1990, proceso que culminó en diciembre del año siguiente. Como consecuencia de este gran cataclismo histórico del siglo XX, muchas naciones recobraron su autogobierno y comenzaron una nueva vida política e independiente. Hoy vamos a analizar el caso de uno de estos países que hace casi 30 años reaparecieron en el mapamundi.

La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas surgió en diciembre de 1922 como consecuencia de la unión de cuatro países y siguió creciendo hasta alcanzar la cifra de 15 repúblicas en 1940. Éstas fueron Rusia, Estonia, Letonia, Lituania, Bielorrusia, Ucrania, Georgia, Armenia, Azerbaiyán, Kazajistán, Uzbekistán, Kirguistán, Turkmenistán, Tayikistán y Moldavia, alcanzando entre todas a ocupar una sexta parte de todo el planeta.

La URSS tuvo por objetivo construir una sociedad socialista y restaurar la economía, consiguiendo en poco tiempo muchos derechos sociales y un crecimiento industrial que la convirtió en segunda potencia económica del mundo. Asimismo, fueron destacados los avances que se llevaron a cabo en el campo de la educación y la ciencia. Sin embargo, la falta de libertades, la represión y las hambrunas causadas por el gobierno soviético sobre su población son recuerdos que aún perduran en la conciencia de la gente cuyos familiares y amigos fueron víctima de ello.

En la década de 1980, como consecuencia del autoritarismo y la centralización del Estado, el derrumbe de la economía, las reivindicaciones nacionalistas de las naciones integrantes, la mejora de la educación de los ciudadanos y la apertura al exterior, el mundo soviético comenzaba a desmoronarse. Entre marzo de 1990 y diciembre de 1991, todas las antiguas repúblicas soviéticas se separaron una tras otra de Moscú, heredando para los tiempos venideros graves conflictos fronterizos y separatistas, como son los casos en Abjasia, Osetia del Sur, Chechenia, Crimea, Nagorno Karabaj o Transnistria.

Moldavia, o República de Moldavia, representa el caso de uno de los países que se separaron de la Unión Soviética en 1991. Con la fundación del Principado de Moldavia en 1359, se puede hablar de la existencia de una nación moldava desde la Edad Media. No obstante, en 1812 el imperio zarista había ocupado y arrebatado la parte sureste del principado, a la cual denominaron Besarabia, correspondiente al territorio de la actual República de Moldavia. La superficie restante se unió en 1859 con Valaquia, dando lugar a la formación de la Rumania del siglo XIX. A principios del siglo XX se llevó a cabo la Gran Unión (1918) entre Rumania, Bucovina, Transilvania y Besarabia. Sin embargo, tras el pacto Molotov-Ribbentrop, en 1940 Besarabia pasaba a formar parte de la Unión Soviética y, de esta manera, comenzaba la época soviética en este país.

Ya dentro de la Unión Soviética, la República Socialista Soviética de Moldavia sufrió una política de desnacionalización hacia su población llevada a cabo por el gobierno de Moscú, quien temía conspiraciones de carácter nacionalista. Muchos rusos y ucranianos fueron animados a emigrar al territorio de este país para, de este modo, borrar la identidad étnica existente. Asimismo, los intelectuales o las personas sospechosas de simpatizar con el Antiguo Régimen fueron duramente reprimidos o deportados hacia Siberia. Finalmente, en 1946-1947 el poder soviético organizó una hambruna en el territorio moldavo que acabó con casi el 10 % de la población total. Estas fueron algunas de las razones por las cuales Moldavia, humillada y oprimida, fue una de las naciones soviéticas que más anhelaba la independencia.

Ésta llegó el 27 de agosto de 1991, después de que cientos de miles de moldavos salieran a las calles para exigir el desprendimiento de la Unión Soviética. Ese mismo día, el Parlamento adoptaba la Declaración de Independencia de la República de Moldavia. De esta manera, empezaba una nueva era en la historia del país, en la cual las secuelas soviéticas subsistirían aún por mucho tiempo. Transnistria, un territorio ubicado en la frontera oriental de Moldavia, declaró su secesión, provocando el estallido de una guerra civil en 1992. Hoy en día, esta región sigue separada, a pesar de que no dispone del reconocimiento internacional como Estado. En definitiva, a 28 años de la independencia, Moldavia mira ambiciosa hacia un futuro dentro de la Unión Europea, pero entretanto ha de afrontar los problemas que su pasado soviético le heredó.

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