Por Juan Pablo Martínez Zúñiga

La década de los 70’s fue más que significativa para el cine mexicano, pues éste lograba rebasar los limítrofes de la experimentación para adentrarse en los confines del destripamiento narrativo de su sociedad, de su gente y de su ideología. Así, surgieron cirujanos de la lente como Cazals, Risptein y Hermosillo que supieron tasajear con fino bisturí la anatomía de un México que apenas lograba superar su fascinación por los charros cantores, las comedias campiranas y los dramas de arrabal (aún si éstos jamás se fueron del todo), siendo otro nombre, Jorge Fons, el que sumó además una interpretación de carácter cuasi erudita sobre el cine que aplicaba con entusiasmo y sabiduría escénica a sus relatos, pues se trataba de un hombre que amaba ver y apreciar películas a cada momento y lugar, ya fuera en la Filmoteca de la UNAM o con su cuate José Agustín revisando los grandes clásicos expresionistas como «El “Gólem” o “El Gabinete del Doctor Caligari”, “El Tercer Hombre” con sus sombríos cuadros heredados a dicha escuela alemana o las películas de Jean Vigo, mientras escuchaban a Pink Floyd tardes enteras fraguando y diseñando el futuro de nuestra cinematografía. Fons fue, sin lugar a dudas, uno de los arquitectos clave en ése proceso y su mirada, sapiente al manejo de la puesta en escena con una inaudita consciencia de la potencia y capacidad dramática y narrativa de los planos, jamás se posó más allá de una realidad que aún afecta y suprime la realidad sociocultural del mexicano. Ajeno a puntos depresores y con una sensibilidad que en momentos tocaba un lirismo muy personal, el cine de Jorge Fons abarca géneros y propuestas que lo afirman como uno de nuestros genuinos autores cinematográficos y una de las carreras más distinguidas de nuestra industria. Sus filmes no pueden ser algo más que clásicos y a continuación, a modo de homenaje póstumo, resalto algunos que ya no pueden considerarse más que como necesarios si se es cinéfilo e infaltables en la añadidura de piezas a nuestro rompecabezas formativo. Descanse en paz, maestro Fons.
“CINCO MIL DÓLARES DE RECOMPENSA” -Con un guion de Arturo Ripstein, Fons se conectaba al cine de género mediante éste “chilaquil-Western” que es sin duda uno de los mejores producidos y escritos en una época donde aún se buscaba emular los pasos de Sergio Leone. Un drama de traiciones y conflictos producidos por la ley del revólver en el Viejo Oeste norteamericano, la cinta tiene un reparto de lujo que validaba su contexto anglosajón (Jorge Luke, Pedro Armendáriz Jr., Claudio Brook, Sylvia Pasquel, Lorena Velázquez, et al) y una labor técnica que superaba el limitado presupuesto para que cada cuadro luciera al máximo.
“LOS ALBAÑILES” – Brillante adaptación al excelente texto de Vicente Leñero (quien contribuyó junto a Luis Carrión y el mismo Fons en la hechura del guion) que profundiza en la condición laboral, existencial y emocional de los “maistros” de la pala y la mezcla utilizando una estructura que remite sutilmente al “Rashomon” de Kurosawa donde un albañil veterano es asesinado y la investigación judicial no sólo revelará al culpable, también pondrá al descubierto los entretelones en la vida de éstos hombres que lidian en condiciones miserables con sus debilidades y problemas.
“ROJO AMANECER” – Empleando su erudición para el manejo del espacio cinematográfico, Jorge Fons construye con ésta cinta uno de los relatos más contundentes sobre la masacre de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas de 1968 sin mostrar un solo cuadro de la brutal experiencia, tan sólo narrar cronológicamente en un lapso de dos días éste vergonzoso acontecimiento desde la perspectiva de una familia que se verá afectada por ello cuando el hijo mayor lleve el conflicto a los confines de su hogar. Maravilloso trabajo actoral (Héctor Bonilla, María Rojo, Demián y Bruno Bichir y Eduardo Palomo, entre otros) y una perspectiva minimalista, casi teatral, que le dota de una honda humanidad a ésta matanza real de raíces políticas que aún resuena, gracias en gran parte a ésta estupenda cinta.
“EL CALLEJÓN DE LOS MILAGROS” – En este punto de su carrera, Jorge Fons ya tenía dominio en el ejercicio de su idiolecto, por lo que ésta producción de reparto coral donde varios personajes cruzan caminos en los rincones donde el pópolo de la Ciudad de México labra sus convulsas, apasionadas y en ocasiones sórdidas vidas aplicándoles altas dosis de pathos y humanidad donde cada historia entrelazada vale y desprende ricas reflexiones sobre la condición humana, sin importar contextos sociales o estratos económico. Una de las joyas en la corona del Nuevo Cine Mexicano noventero y tal vez el filme más valioso de Fons en cuanto a estructura, hechura y trascendencia.

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