Sonny Corleone sólo atina a morder un nudillo cuando descubre que su hermana fue sometida a una paliza por su esposo, Carlo. Esa muestra única de dolor y furia son el núcleo del personaje y una muestra a priori de lo que viene -Sonny arremetiendo contra su cuñado de tal forma que todo rasgo humano se pierde para darle paso a una bestia con atavíos dandi- que funciona como lo hace gracias a que es James Caan quien lo interpreta, una pieza única e integral en ese prodigio de rompecabezas histriónico y dramático que es “El Padrino” (Coppola, E.U., 1972), la cinta que inmortalizó los enigmáticos y duros rasgos de este actor que acaba de dejarnos legando una gama de personajes a la postre arquetipos para cualquiera que desee lucirse en pantalla, incluyendo nombres como Joaquín Phoenix o Christian Bale que deben mucho de su moldeado interpretativo a lo que Caan imprimió indeleblemente en ese Nuevo Hollywood setentero donde todo valía por el arte y una buena historia. “Quisiera haber ganado un Óscar. Sé que sueno resentido… ¡Y lo estoy!”, le dijo el desaparecido actor a “The Independent” hace un par de años y al momento de realizar una revisión a su filmografía, siempre nos preguntaremos por qué, en efecto, su comunidad jamás le otorgó dicha presea. Tal vez sus decisiones como ejecutante no calzaban con la sensibilidad hipócrita de la Academia o simplemente la sombra de Sonny era demasiado grande para eclipsar sus avances como histrión durante los 80’s y 90’s viéndose encajonado en roles de hombre rudo o héroe. Como fuere, este hijo de inmigrantes judíos alemanes que se abrió paso entre el hosco mundo de El Bronx repartiendo carne con su padre y participando de otras actividades poco ortodoxas en su contexto cultural -boxeador, jinete de rodeo y eterno buscabullas callejero- logró encontrar su sitio en la actuación participando primero en teatro y televisión para después consagrarse en el cine. Su rostro embonó perfectamente con la nueva guardia de intérpretes que salieron de entre la masa para manifestar aquella inconformidad producto de los movimientos sociales, contraculturales y políticos de la época para asociarse sin problema con los De Niro, Duval y Pacinos de aquella generación, participando en filmes que de culto o ya clásicos que trascendieron su nombre hasta ser sinónimo de calidad, o por lo menos de cierto aplomo iconoclasta. Su partida invariablemente nos incita a explorar de nuevo aquellos trabajos que lo encumbraron y entender de nuevo por qué su ausencia será un enorme hueco que cubrir debido a su talento, carisma y un entendimiento sobre la actuación que debe revalorarse más allá de ser recordado como el hijo más violento de Vito Corleone.
“FUNNY LADY” (1975) – Despegándose correctamente de su bis dramática, Caan se coloca como la contraparte masculina de la entonces todopoderosa Barbra Streisand en esta secuela a su exitoso filme “Funny Girl” encarnando al compositor y pianista Billy Rose al vencer a varios actores de renombre en el proceso. La misma Barbra lo definió muy bien aclarando que “Todo se trata de a quién quiero besar en pantalla. Robert Blake, no, James Caan, sí”, y eso lo dice todo.
“ROLLERBALL: LOS GLADIADORES DEL FUTURO” (1975) – Ante la presencia de una nueva libertad narrativa que les permitió a los creadores norteamericanos abordar temas e historias con mayor grado de violencia, llega esta producción sobre un aparatoso e iracundo deporte futurista que mezcla el hockey, el patinaje sobre ruedas, el rugby y la lucha grecorromana como una metáfora sobre el estado sociocultural psicótico que atravesaba los Estados Unidos en aquel entonces. James Caan le brinda suficiente pathos a un rol que pudo quedarse en la heroicidad justiciera y termina por donarle a la cinta de necesitados rasgos compasivos y humanos.
“MI PROFESIÓN: LADRÓN” (1981) – No sólo se trata del debut como cineasta del celebrado director Michael Mann, también es uno de los roles más complejos que James Caan haya interpretado dando vida a un ex ladrón de bancos que busca llevar una vida feliz con esposa e hijos después de una larga condena hasta que criminales y policías le mostrarán que esto no es un cuento de hadas. Su personaje es una conjunción de paradojas morales que Caan resuelve con maestría exponiendo los puntos frágiles y densos de éste otrora atracador mesurada pero contundentemente. Excelente filme que ha sido relegado a la sombra del olvido.
“MISERIA” (1990) – Su participación en esta película casi parece una broma oscura: colocar al actor más neurótico de Hollywood en una cama durante la mayoría del metraje. El resultado no sólo es una de las mejores interpretaciones de Caan dando vida a un escritor víctima de un accidente carretero que ve su vida amenazada, porque su salvadora es una desquiciada ex enfermera a la vez que su fan número uno. Éste también es un impresionante tête à tête actoral con la susodicha encarnada por la maravillosa Kathy Bates. Una de las mejores adaptaciones sobre un texto de Stephen King y pieza integral para la resurrección histriónica de Caan a finales del siglo XX.

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