Salvador Rodríguez López

El último informe de Gobierno que rendirá Martín Orozco Sandoval será un resumen de lo que llevó a cabo en los seis años que ha estado al frente de los destinos de Aguascalientes y que ojalá sea un mensaje que contenga lo que se cumplió, lo que deja como herencia y aquello que no hizo y explique el por qué.

Por regla general en este tipo de comparencia se hace un compendio de lo realizado y se olvida de incluir lo que por una u otra causa no se llevó a cabo, de lo que no es posible cuestionar al compareciente en virtud que el acto es de una sola voz.

Es axiomático que ha sido un sexenio de resultados, principalmente de apoyos a micros, pequeños y medianos empresarios; la construcción de espacios para el crecimiento económico, turístico, gastronómico y comercial; la captación y organización de eventos deportivos nacionales a internacionales que significaron un fuerte respaldo al sector hotelero; refuerzos a los productores agropecuarios, tanto ejidales como pequeños propietarios; construcción de instituciones educativas de todos los niveles; y mejoría de los hospitales públicos, principalmente el Hidalgo que se ha convertido en un referente en el país.

Es una labor que se concretó pese a las dificultades que representaron los dos años de la pandemia, que al haber sido algo inédito obligó a trabajar sobre la marcha y descifrar los desafíos que se presentaban y de lo que, afortunadamente, se salió adelante, particularmente en el Sector Salud, al que se le debe un voto perenne de gratitud al entregarse más allá del 100% de su capacidad física para frenar las acometidas diarias que presentaba el virus y gracias a eso se logró salvar muchas vidas.

Fue una etapa estresante para el mandatario estatal al tener que vigilar que cada dependencia tuviera la respuesta que demandaban las circunstancias, principalmente de los grupos que dependen del ingreso diario, como son el caso de tianguistas y taxistas, entre los más visibles y que en el período más álgido recibieron apoyos económicos que de alguna manera les ayudó para enfrentar la situación.

Lo contrario a lo generalizado es aquello que no se pudo terminar, es el caso del transporte urbano, que hoy tiene un alto nivel de ineficiencia pero que es un servicio fundamental para la quinta parte de la población total del estado. Se invirtieron cientos de millones de pesos a este programa que nunca terminó de cuajar y que en gran medida se debe a la incapacidad de quienes estuvieron y están al frente de la comisión de movilidad, al suponer que con declaraciones era más que suficiente para convencer a los usuarios.

El problema de fondo es que los nuevos programas y las modificaciones están fuera de la realidad. El servicio se presta con un número mínimo de camiones y al mismo se amplían las rutas hacia los nuevos fraccionamientos, lo que provoca que las personas que están en los paraderos tengan que esperar de 20 a 50 minutos para que arribe la unidad y cuando lo hace llega saturada, obligando a gastar en taxi.

Las fallas en el transporte colectivo no se pueden tapar con anuncios espectaculares de que “ahora sí” se enmendarán los tropezones y las injusticias, como tampoco se logra ir muy lejos ni con afirmar que los nuevos concesionarios son personas de larga trayectoria en esta rama productiva. El público exige resultados y de lo que ahora debe responder la próxima administración estatal, que ojalá sea de los primeros asuntos que se vean, analicen y disponga lo conducente y sobre todo que el nuevo titular de movilidad si conozca la labor que se le encomiende.

MALA VERGÜENZA

En total fracaso se ha convertido la vigilancia y supervisión que, presuntamente, ejercen policías y militares en las puertas de entrada al estado, lo que trae consigo que varias células de la delincuencia organizada acrecienten su base de operaciones en la ciudad capital y se pone de manifiesto con  más de media docena de asesinatos ocurridos en menos de un mes.

A las autoridades les urge que la gente crea que son hechos “esporádicos” y que además “se están matando entre ellos”, esto es, los ataques no llegan a la población en general.

La realidad es muy distinta, al detectarse que no sólo se dedican a atacarse entre las distintas bandas sino que ya cobran “derecho de piso” y si alguien se opone de inmediato lo amenazan de hacerle daño a él o a ella y a su familia.

La aprehensión que se logró esta semana de once presuntos miembros de un cártel y a los que de inmediato se atribuyó varios crímenes que han ocurrido recientemente no pasó de ser una salida de la Fiscalía General del Estado ante la exigencia social que vaya al fondo de la situación.

Si hay aquí matones a sueldo es porque nadie les impidió ingresar al estado, que lo podrían hacer por algunas de las puertas de ingreso, con lo cual cae por tierra el cuento de que la entidad estaba lo suficientemente blindada como para impedir que se diera la “operación cucaracha”.

Esto denota que falta mucho para tener un grupo profesional de investigadores que se dediquen a detectar y detener a personas indeseables, indagación que suplen con encontrarse accidentalmente con un vehículo que es tripulado a gran velocidad, o lo detengan porque trae placas de otro estado y ver si de “chiripazo” encuentran algo que les haga subir sus bonos.

Lo que se registra hoy en Aguascalientes fue como comenzó la tragedia de Zacatecas, en donde un día sí y otro también aparecen cadáveres colgados de un puente o apilados en la batea de una camioneta que dejan frente a Palacio de Gobierno.

Aunque hay quien supone que lo anterior se debe al cambio de administración estatal y es aprovechado por los cárteles para tomar ventaja, lo cierto es que de manera individual o en grupo tienen tiempo de introducirse a cualquiera de los municipios y desde ahí crear su funesta labor, hecho que exige el replanteamiento del programa de vigilancia e inspección tanto en los medios urbanos como rurales, carreteras y caminos alimentadores. Nada debe quedar fuera de la supervisión, para no sólo evitar que se reedite la versión zacatecana.

Esta acción le corresponderá llevarla a cabo el nuevo gobierno y ojalá que lo haga desde el mismo 1° de octubre, ya que así lo exige la situación, con lo que se evitará tener que tomar medidas tardías que causen un enorme daño al conglomerado social.

SIGNIFICATIVO

La Escuela Normal de Aguascalientes (ENA) es una muestra manifiesta que cuando hay perseverancia hacia un objetivo se va más allá de lo previsto. Llegar a 144 años de vida lo dice todo y en gran medida se debe a que se ha tenido continuidad de los programas y procedimientos. Es una institución que nació en plena transformación del México que dejaba atrás el dominio español y entraba a una lucha intestina que llevó más tarde a la dictadura porfirista. Haber creado en 1878 la Escuela para Señoritas, como se denominó en sus inicios, era un riesgo pero se hizo con pleno conocimiento de causa y de manera paulatina se consolidó, luego vino el Movimiento Social de 1910 y más tarde una etapa de relativa tranquilidad social que permitió su consolidación. De la Escuela Normal del Estado (ENE) y hoy de Aguascalientes, han egresado mujeres irreprochables y cuyos nombres figuran en calles de la ciudad y de escuelas primarias de todo el estado. En la celebración por los 144 años, la directora Jessica Díaz Balderas encabezó la ceremonia en la que los docentes más antiguos recibieron un reconocimiento, al mismo tiempo que las alumnas de bachillerato recibieron una plática de la policía cibernética en temas como el ciberacoso, además, se llevó a cabo la mesa de discusión “Docencia e investigación”. También la ex directora de la ENA, Teresa de Jesús Ramírez Gómez, que cubrió casi todo el sexenio del gobernador Martín Orozco, recibió un agradecimiento del profesorado y las alumnas, actos que concluyeron con eventos deportivos. La Escuela Normal está íntimamente relacionada con la ciudad y el estado, por lo que los aguascalentenses la tienen en una alta estima y reconocen el esfuerzo que ha desarrollado en este casi siglo y medio de existencia.