Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Aun cuando pareciera que las cosas siguen igual, lo cierto es que, en el ámbito educativo, la pandemia nos ha cambiado en varios aspectos de nuestra vida. Ejemplos: tanto los alumnos como los maestros nos hemos dado cuenta que somos frágiles ante COVID-19 y sus variantes, ya que un día estamos bien y nos sentimos con grandes fortalezas físicas y mentales, y al día siguiente, por el contagio, somos tan indefensos y expuestos a lo peor. De manera que ahora por el sólo hecho de pensar en el posible contagio de coronavirus vivimos con temor, toda vez que las consecuencias han sido fatales en ciertos casos. Por ello, hay algunos alumnos que están sentados en el salón de clases, pero frecuentemente suspiran  y con sus miradas perdidas en el espacio están recordando a su abuelo, a su abuela, a su madre o a su padre que murió por el COVID. Entre los maestros la situación es igual, cumplen con su trabajo porque hay que hacerlo, pero en varios de ellos su estado de ánimo es diferente porque también perdieron, por la pandemia, a la esposa, al padre, a un amigo o algún otro familiar. Y para todos en general, las cosas ya no son iguales, el coronavirus nos ha cambiado en nuestra forma de pensar y de vivir.

La pandemia nos hizo cambiar a los maestros la forma de dar las clases. Estábamos acostumbrados a sesiones presenciales, pero para evitar contagios de COVID nos vimos en la necesidad de atender a los alumnos a distancia, con todos los aciertos que pudimos encontrar en el camino, pero también con errores  y limitaciones que afrontamos. Presumiblemente tuvimos avances y también estancamientos. Sin embargo, mientras no haya una investigación o una evaluación sobre el aprovechamiento escolar, de los estudios a distancia, no sabremos la real dimensión de los aprendizajes logrados, como tampoco conoceremos el nivel del rezago educativo. Sólo hay especulaciones al respecto. Por lo anterior,  no hay proyectos que estén destinados al mejoramiento educativo. En cambio, en lo que no hay duda es sobre la ingente necesidad de incluir, en el proceso enseñanza – aprendizaje, el uso de las herramientas tecnológicas como medios indispensables para llevar a cabo los estudios y para ser congruentes con las exigencias actuales y del futuro. Pero, lamentablemente, los nuevos programas de estudio, que la Secretaría de Educación Pública está planteando, no consideran estos medios electrónicos como necesarios, mucho menos como prioritarios.

Para varios investigadores de organismos independientes, la pandemia sí afectó, severamente, los aprendizajes de los alumnos; pues han encontrado estancamientos y retrocesos en los estudios. Así mismo, han concluido que numerosos estudiantes han abandonado la escuela; no obstante, hasta la fecha, no hay programas que se propongan superar estos problemas. Salvo lo que los maestros puedan hacer en lo individual.

La pandemia también afectó e hizo cambiar la  forma de evaluar y calificar los aprendizajes de los alumnos. Tal vez, como un recurso para compensar los estudiantes por los severos impactos de la pandemia, la Secretaría de Educación ha dispuesto que los alumnos no deben ser reprobados, aun cuando no asistan a clases y a pesar de que no realicen ni entreguen trabajos escolares. Es suficiente asistir a clases de vez en cuando o que los alumnos manifiesten que seguirán estudiando para que sean aprobados. ¿No será más perjudicial aprobar alumnos sin que tengan las nociones básicas de los contenidos programáticos?, ¿Es correcto engañar a los alumnos y a sus padres con calificaciones sin sustento académico?, ¿con qué soporte educativo enfrentarán estos alumnos situaciones de la vida real? Estas son algunas de las cosas que la pandemia ha afectado y ha cambiado en el sistema escolar de nuestros tiempos, ¿para  bien o para mal?

 

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