Luis Muñoz Fernández

Buena parte de la obra escultórica de Leonora Carrington, con algunos bocetos y otros objetos, se expone dentro del museo que lleva su nombre en el Centro de las Artes de San Luis Potosí “Centenario”, ubicado en el edificio de la antigua Penitenciaría del Estado, que tuvo como “huésped” a Francisco I. Madero. Justo ahí le puso fecha a su Plan de San Luis.

El edificio carcelario fue construido de acuerdo al modelo panóptico concebido por el filósofo inglés Jeremy Bentham (1748-1832) y en el patio central, desde cuya torre, hoy inexistente, el vigilante dominaba visualmente a todos los presos, se alza la majestuosa “Barca de las grullas”,  una de las cinco esculturas monumentales de la artista que alberga el museo.

Algunas de las esculturas de Leonora Carrington estuvieron expuestas en la Plaza de la Patria de nuestra ciudad el año pasado y, en este marzo de 2019, acompañadas de las obras de otros artistas, sus figuras surrealistas han vuelto al mismo espacio, conviviendo con los edificios civiles y religiosos de nuestro centro histórico.

Ni tardos ni perezosos, los guardianes de las buenas conciencias, más de las de otros que de las propias, se alzaron inconformes. ¿Cómo fue posible que, justo cuando inicia la Cuaresma, que es tiempo de tristes reflexiones en torno a nuestra condición de mortales, las autoridades hubiesen permitido que sentaran sus reales esas “imágenes paganas”, nacidas de los extravíos oníricos de una extranjera que, antes de pisar nuestra tierra, ya había recibido descargas eléctricas en un manicomio santanderino?

¿A quién se le habrá ocurrido distraer la devoción de quienes caminan presurosos hacia la Catedral con la contemplación de esos delirios que no pueden ser más ajenos a la religión que profesa más del 95 % de los aguascalentenses? Tal parece que los custodios de las esencias, después de hacerse esas preguntas, se proponen exigir a las autoridades civiles que retiren de la vista pública semejante desacato a la decencia.

¿Cuándo entenderemos que en la República Mexicana la religión pertenece al ámbito de lo privado y que el Estado laico debe garantizar que los creyentes, lo sean del credo que sea, y los no creyentes, convivan en paz? Bien haríamos si abjurásemos del fanatismo.

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