Imagen urbana no consolidada

Por J. Jesús López García

La imagen de la ciudad, de acuerdo a lo que el teórico del urbanismo Kevin Lynch (1918–1984) proponía, era la articulación de sus partes abiertas y cerradas en un sistema sencillo de comprender, navegar y cambiar. La arquitectura ayuda o interfiere de manera negativa en ello y no es en su mayor parte la apariencia visual de los edificios, sino la forma en que acogen o rechazan al público, dialogan o callan con las fincas circundantes y conviven con su entorno o se aíslan de él.

Traigamos a nuestra memoria unas escenas de películas que transcurrían en el Nueva York de los años setenta y ochenta, metrópoli que a partir de los noventa perdió su aura de ciudad dura y violenta para convertirse en una urbe mucho más amable y refinada. La imagen de esa ciudad, sin embargo –aún para quien no la conoce en persona– continúa siendo ese sitio artificial, hábitat de humanos y otras varias especies –es probable que en las afueras haya ciervos y podemos mencionar las leyendas urbanas que en los drenajes cohabitaban cocodrilos con ratas gigantes y hasta pirañas, como resultado de dueños de mascotas irresponsables que las echaban al inodoro al cansarse de ellas–, en que prevalece una imagen que data del siglo XIX y que sigue siendo referencial junto con la ciudad de Chicago, de las ciudades contemporáneas, no obstante ahora haya muchas más con edificios más altos, con más anuncios, con más gente, tráfico, excesos, entre otros.

Sin embargo como ese caso, se presentan algunos otros con imágenes muy diferentes pero bien definidas: Venecia y su relación con el agua, el aire sofisticado de París, Dubai y su opulencia, la sobre posición de los tiempos históricos en Roma o El Cairo, la mezcla abigarrada y llena de sincretismo de las ciudades del Valle de México. Como es notorio, la población de esos sitios formó y sigue formando sus ciudades, pero sus ciudades le han formado a su vez.

En el caso de Aguascalientes existen algunos sectores con una personalidad muy definida, digamos «muy aguascalentense»; por mencionar algunos contamos con el área del Jardín de San Marcos o de la Plaza de la Patria, que son muy característicos, pero hay otros donde la dispersión, la indefinición son la marca.

La multiplicidad de tipos de ocupación de inmuebles y espacio público aledaño son uno de los factores; otro es el tránsito rodado que prevalece y aplana lo demás, y uno más, resultado de los anteriores, es la edificación que no tiene mayores miras a proveer una cubierta y un paramento fácil de cerrar. En esos sitios, la ciudad se muestra anónima, no se distingue una calle de esta naturaleza de otra de condición semejante. De modo usual se aprecia una construcción sin compromiso, cajones vacíos de proporciones similares que, eso sí, son versátiles al uso, cualquier uso. Con lo anterior no se pretende mencionar que esas calles no tengan vida, por el contrario, son muy animadas, sin embargo no parecen consolidarse en algo más que el comercio intenso en menoscabo de otros usos más amables como la prestación de un servicio o la vivienda.

En la calle General Barragán, en su tramo que va de Álvaro Obregón hacia el norte, existen algunos edificios de algún interés, lo mismo que la icónica iglesia –la Medallita Milagrosa– y el curioso y ya muy arrinconado monumento a la Santa Cruz. Esa calle tuvo siempre la vocación del comercio pues siendo parte de lo detonado por la actividad económica que rodeaba al ferrocarril, no podía ser de otra manera. Actualmente es una de las ligas que conectan al centro de la ciudad con su parte norte, incluyendo la salida a Zacatecas, por lo que el comercio se encuentra muy activo, sin embargo esa labor intensa deja poco espacio a actividades más sosegadas –el templo no cuenta con un atrio, por ejemplo– y ello se refleja en edificios que favorecen al comercio que parece desbordarse de sus contenedores.

Es conveniente mencionar que no hay maldad en ello, sólo que si se incentivaran más actividades paralelas, ese tramo de ciudad sería mucho más amable con el caminante. Para los que en forma general no recorremos a pie el tramo aludido, se torna difícil saber con certeza la arquitectura existente, sin embargo hay inmuebles dignos de comentar, tal es el caso del edificio en la citada calle en el número 906. Es de llamar la atención por su solución arquitectónica, pues el inmueble tiene un genuino interés espacial, nótese en la propuesta de la circulación vertical –escaleras– (volcada al exterior) en su composición sencilla en sus cuatro niveles. Al margen de ello, es de considerar que fue una buena apuesta del propietario y el arquitecto por generar en esa zona una imagen definida en medio de la dispersión.

Sin duda alguna ejemplos como el presentado, existen dentro de la mancha urbana de nuestra ciudad, sin embargo hay necesidad de recorrer las calles y los espacios urbanos para descubrirlas y recrearse con sus aportaciones.