Imagen de ciudad

Por J. Jesús López García

Las ciudades actuales tienen no una, sino muchas imágenes. Ello es reflejo de un desarrollo histórico prolongado, de una demografía creciente, de sucesivos cambios en los modos de su producción económica y de los múltiples accidentes propiciados o potenciados por alguno, ciertos o todos los factores que se acaban de mencionar.

De esta manera, el París de la Edad Media es muy diferente al asentamiento de los celtas de la tribu de los “Parisii” en la Galia Antigua. Aquel pequeño pueblo al margen del río Sena que luchó contra el romano Julio César, se fortificó menos de mil años después y fue un bastión de los reyes francos que en el siglo XIX se modificó de nuevo de manera espectacular, para llegar a nuestros días como uno de los referentes de la cultura contemporánea y universal.

En cada episodio de su existencia, la ciudad ha ido dejando huellas del paso del tiempo. A veces son marcas que parecen desvanecerse -como la muralla medieval-, en ocasiones se ocultan -como las catacumbas o los canales subterráneos- y en otras se manifiestan de manera espectacular. Y entre esos distintos modos en que se presenta la ciudad, se expresa también el talante de barrios enteros y de sus habitantes, que van estableciendo así una realidad compuesta de múltiples imágenes.

En nuestro caso, ¿Cuál es la imagen de la ciudad de Aguascalientes? Después de más de cuatrocientos años, no hay una específica, sino muchas. El Aguascalientes “tradicional” en que el ferrocarril parece estar presente aunque sea en espíritu, apenas tiene poco más de 100 años. ¿Qué hay del Aguascalientes virreinal? De más de 200 años, sobreviven en una área urbana que contará con el 20% de la superficie de la ciudad actual, algunos edificios, muy representativos eso sí, pero pocos si los comparamos en número a lo construido en los últimos 50 años.

Para la extensión de nuestra ciudad en el momento presente, además contamos con una población que en menos de 100 años se multiplicó por 10, lo que naturalmente hace que buena parte de esa población realmente no ha tenido mucho contacto con lo que consideramos la imagen del Aguascalientes de antaño, pues es probable que no asista de manera frecuente a los sitios donde ese Aguascalientes de la tradición se despliega. Con muchos de sus habitantes de origen foráneo, nuestra ciudad cuenta con una imagen más fragmentada pues dicha representación visual no es solamente lo que se nos presenta, si no como apreciamos eso que se nos muestra.

Es así como más que una imagen, Aguascalientes posee múltiples ideas, tomemos como ejemplo una de ellas: el patio del Antiguo Hotel Regis, actual sede de la delegación estatal del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), edificio porfiriano que para muchos aguascalentenses forma parte de un imaginario de lo que es local y antiguo, a veces confundiéndolo con algo “colonial” si bien el periodo virreinal había pasado alrededor de 100 años atrás de su construcción.

Como muchos inmuebles de su época, concentra algunos elementos ornamentales relacionados con la tradición constructiva desprendida del eclecticismo, mezclado ello con espigadas columnas metálicas que se relacionan directamente con los inicios de la industrialización de nuestra región hace poco más de una centuria. Muestra en cantera arcos, dinteles y jambas que del eclecticismo parecen querer transitar a la decoración Art Nouveau y así, el conjunto es una amalgama de estilos, tendencias y elementos constructivos de la transición de lo antiguo a lo nuevo.

Esta imagen que se atribuye con justicia de una manera muy particular al maestro Refugio Reyes Rivas (1862-1943), es sin embargo, una entre muchas imágenes de la ciudad de Aguascalientes, que por su extensión, demografía y edad, cada vez va a tender a distanciarse de una sola manera de ser vista, valorada y experimentada. Esto que pareciese ser un elemento adverso al aprecio de nuestra capital, pues es un rasgo inequívoco de que sigue siendo una ciudad viva, no congelada en un tiempo para unos fines turísticos o museográficos.

Sus edificios y calles se mantienen en cambio constante, a veces de manera desafortunada, pero eso es parte del tiempo que transcurre y del modo en que un objeto inmenso como es una ciudad, se reinventa día con día y va moldeando el paisaje en el que vamos formando nuestra morada, pues al final una imagen urbana es un paisaje, y un paisaje como escribió José Saramago (1922-2010) “…es un estado del alma, que el paisaje de fuera lo vemos con los ojos de dentro”.

Si bien es cierto la capital acalitana ha ido moldeando su fisonomia, tanto en la traza urbana, así como en su arquitectura, es justo reconocer que aún el centro conserva el “sabor provinciano” que muchas personas dan fe de ello, basta con trasladarnos hacia allí y encontraremos múltiples edificios que definen lo que fue y lo que es Aguascalientes: La Plaza Principal, Catedral, Palacio de Gobierno, Palacio Municipal, Jardín de San Marcos, San Diego, Edificio “19 de Junio”, El Parián y Mercado Terán.