Noé García Gómez

Esta semana del 18 al 20 de mayo, se desarrolló la III Conferencia Mundial de Educación Superior de la Unesco en Barcelona, España, el evento educativo más importante del orbe en la década; ni medios tradicionales, ni redes sociales se volcaron a cubrir e informar lo ocurrido, en un evento que reunió a los mayores representantes e instituciones de la educación superior y universitaria, más de 1,500 participantes de universidades, gobiernos, organismos multilaterales expusieron sus experiencias e ideas con el fin de elaborar una hoja de ruta global común para la próxima década.

Si bien es una conferencia cíclica que se desarrolla cada diez años, sin duda ésta fue marcada por las consecuencias que ha tenido la pandemia en la educación, así como la brecha de desigualdad que ha aumentado en los años de COVID, además en un entorno mundial marcado por grandes desafíos como la persistencia de conflictos bélicos, el cambio climático, el declive de la democracia y la digitalización.

En la hoja de ruta que cierra la Conferencia Mundial, Unesco ha pedido cambios «urgentes»; expuesta por la subdirectora general de Educación de Unesco, Stefania Giannini, establece que en el mundo de la educación superior se requieren dichos cambios apremiantes, para garantizar un acceso equitativo, bien financiado y sostenible a las universidades, y profundizar en el aprendizaje holístico y la interdisciplinariedad. “Más allá de los límites. Nuevas formas de reinventar la educación superior”, también se manifestó que «el cambio urgente es un imperativo ético y que las transformaciones a menudo generan resistencias; se considera que la educación es un «derecho que debe ejercerse a lo largo de todo el ciclo vital e identifica que las instituciones de educación superior tienen tres misiones: producir conocimiento, educar a las personas y la responsabilidad social”.

Basado en lo anterior concluyeron seis grupos de principios clave: 1) La inclusión, equidad y pluralismo en la educación superior. 2) La libertad académica y participación. 3) La indagación, pensamiento crítico y creatividad. 4) La integridad y la ética. 5) Compromiso con la sostenibilidad y la responsabilidad social. 6) La excelencia a través de la cooperación en lugar de la competencia.

Con todo ello y siguiendo esa guía, la hoja de ruta establece que se debe de dejar de considerar la educación superior como algo elitista y discriminatorio y pasar a hacer posible el derecho de las personas a acceder a ella de forma «equitativa, bien financiada y sostenible»; además pasar de un enfoque restrictivo en la formación disciplinar a una experiencia de «aprendizaje holística del estudiante» que se produzca a lo largo de la vida. Las instituciones deben sustituir los llamados silos disciplinarios por la interdisciplinariedad, y conectarse entre ellas para lograr un «sistema integrado con diversidad de programas».

Otro aspecto fundamental establecido es que se tiene que optar por pasar «de un modelo industrial de enseñanza a experiencias de aprendizaje superior pedagógicamente informadas y tecnológicamente enriquecidas, gestionadas por los propios alumnos”.

La subdirectora general de Educación de Unesco ha apuntado que el documento «es de trabajo y está vivo», porque se puede nutrir de aportaciones en los próximos tiempos además de que se publicará una versión actualizada en 2023, y ha señalado que en 2027 se celebrará otro foro para analizar el grado de evolución y cumplimiento.

Para finalizar dejo el link ( https://www.whec2022.org/EN/homepage/whec2022-resources) donde pueden bajar todos los papers.

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