Los apercibimientos y hasta arrestos por 36 horas por desacato en la obligatoriedad del uso del cubrebocas, no orillan a la totalidad de las personas a emplearlo, quienes continúan realizando actividades sin respetar las medidas sanitarias emitidas por las autoridades.

A casi una semana de que fuera publicada en el Periódico Oficial del Estado la disposición, es común observar personas y hasta familias enteras que han salido a la calle sin respetarla, portando el  cubrebocas como un simple accesorio decorativo a la altura del cuello. Al cuestionar a las personas sobre el uso indebido del mismo, argumentaron que lo usan como protocolo para ingresar a los establecimientos o al abordar el transporte público, pero no por cuestiones de prevención.

“Si lo uso, pero es complicado traerlo todo el día entre el calor y la caminada ahorita en la tarde. Si creo en el Coronavirus, pero la verdad no creo que me dé, casi no salgo a la calle más que a lo esencial” reconoció Brenda, una mujer ama de casa. Por su parte, Francisco, quien es empleado de un taller de balconearía, demeritó el uso de cubrebocas, al indicar que desde que comenzó la pandemia se ha limitado de cumplir incluso el cumplir con el resto de las medidas sanitarias. “Lo uso para hacer mis pendientes pero la verdad no creo en esto de la pandemia”.

En tanto, la mayoría de los establecimientos ya han cumplido con la colocación de tapetes sanitizantes, gel antibacterial y toma de temperatura corporal entre sus clientes. Algunos trabajadores más, han sido equipados con caretas y hasta guantes de látex, por su parte restaurantes continúan implementando estrategias como mesas distanciadas y número reducido de comensales, como parte de los protocolos para evitar sanciones de parte de la Guardia Sanitaria. (Rubén Torres Cruz / El Heraldo)