Mircea Mazilu

Tal día como hoy, pero de 1769, nacía Ignacio Allende, una de las figuras más importantes de la lucha por la independencia que estalló en México a principios del siglo XIX. Gracias a su valentía y sabiduría en el campo de batalla, se cosecharon grandes triunfos para los insurgentes en la primera etapa del movimiento emancipador. Desafortunadamente, fue traicionado y, junto a los demás caudillos insurrectos, fue condenado a muerte y ejecutado, dejando el camino abierto a la independización de este país. En el artículo de hoy repasamos su vida, destacando las hazañas que lo convirtieron en un célebre héroe nacional.

Ignacio José de Jesús María Pedro de Allende y Unzaga nació el 21 de enero de 1769 en San Miguel El Grande (hoy San Miguel de Allende), estado de Guanajuato, en el seno de una familia acomodada. Sus padres, don Domingo Narciso Allende y doña Marina Unzaga, se dedicaban a la agricultura y al comercio. Comenzó sus estudios en el Colegio de San Francisco de Sales, donde conoció a los hermanos Ignacio y Juan Aldama. En 1795 inició su carrera militar en el Regimiento Provincial de Dragones de la Reina, en el cual ascendería al puesto de teniente. En 1801 fue enviado con el Cuerpo de Granaderos a Texas, donde combatió a un grupo de estadounidenses que planeaban invadir aquella provincia.

Durante su carrera como militar se relacionó con personas que simpatizaban con la idea de la independización del virreinato de Nueva España. En 1810 participó en las reuniones de conspiradores de Querétaro, organizadas por Miguel Domínguez y Josefa Ortiz de Domínguez e integradas también por Miguel Hidalgo y Costilla y los hermanos Aldama, entre otros. En estas juntas se acordó emprender una rebelión contra las autoridades coloniales en diciembre de 1810.

Sin embargo, los conspiradores se vieron obligados a adelantarse en el tiempo, después de que sus intenciones fueran descubiertas. Fue así que en la madrugada del 16 de septiembre se produjo el “Grito de Dolores” que daba inicio a la lucha por la independencia. Hidalgo fue elegido como capitán general, mientras que a Allende le fue adjudicado el puesto de teniente. En poco tiempo, los insurrectos consiguieron importantes victorias, destacando las de Celaya, Irapuato y Guanajuato. A continuación, se dirigieron a la Ciudad de México, acumulando otro triunfo en sus alrededores, cuando vencieron a los realistas en el Monte de las Cruces (octubre de 1810).

No obstante, esta batalla evidenció las diferencias existentes entre Hidalgo y Allende. Mientras que el primero optaba por retirarse, el segundo se inclinaba por adentrarse en la capital y acabar con el gobierno virreinal. Las discrepancias entre ambos no sólo se daban en cuanto a la estrategia de guerra, sino también en lo que concernía a los objetivos de la misma. A diferencia del capitán, quien deseaba crear una nación soberana, repartir las tierras entre los indígenas y acabar con la esclavitud y la sociedad de castas, el teniente era más partidario de otorgar el poder a Fernando VII y conservar el orden social existente.

Después de la batalla del Monte de las Cruces, el ejército insurgente finalmente eligió replegarse. A partir de entonces, la balanza se inclinó a favor de los realistas quienes, liderados por Félix Calleja, derrotaron a los rebeldes en Aculco (noviembre de 1810) y Puente de Calderón (enero de 1811). En este último enfrentamiento, Hidalgo cedió el mando a Allende, quien dio órdenes a su tropa de dirigirse hacia el norte en busca de ayuda de los Estados Unidos.

Sin embargo, los jefes insurgentes fueron traicionados por Ignacio Elizondo, siendo capturados por los realistas el 21 de marzo de 1811 cerca de Monclova, Coahuila. A continuación, fueron dirigidos a la ciudad de Chihuahua, en donde fueron enjuiciados y condenados a muerte. El 26 de junio de aquel mismo año, Allende fue ejecutado y decapitado, junto a José Mariano Jiménez y Juan Aldama. Esta misma suerte corrió Miguel Hidalgo poco más de un mes después (30 de julio). Las cabezas de los cuatro caudillos independentistas fueron colgadas en las esquinas de la Alhóndiga de Granaditas de Guanajuato en forma de ejemplo para aquellos que desearan sublevarse contra las autoridades.

Hoy en día, los restos de Ignacio Allende descansan en la cripta de la Columna de la Independencia de la Ciudad de México, junto a los de otros héroes que dieron patria y libertad a todos los mexicanos.

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