El pasado viernes 2 de febrero de 2024 presenté en la primera sesión del año de la Corresponsalía Aguascalientes del Seminario de Cultura Mexicana una conferencia basada en el texto titulado Lo que me preocupa de la inteligencia artificial, publicado en el blog Bioética cotidiana de la revista Nexos el pasado 6 de enero(https://bioetica.nexos.com.mx/lo-que-me-preocupa-de-la-inteligencia-artificial/).

Es indiscutible que la inteligencia artificial (IA), su impacto y aplicaciones, es un tema de gran actualidad, que provoca en los interesados y el público en general dos formas de reaccionar opuestas: los optimistas, que creen que solamente nos traerá grandes beneficios y que los peligros, de haberlos, serán rápidamente conjurados como lo ha hecho la humanidad con otros desafíos. Y los pesimistas, también llamados catastrofistas, que ven en estos sistemas riesgos que solos o combinados con otros problemas graves que hoy enfrentamos (el cambio climático, por ejemplo), pondrán en riesgo la continuidad de la especie humana.

En la sesión de nuestra Corresponsalía también se expresaron ambas posturas, aunque de manera asimétrica. La mayoría se manifestó pesismista y una minoría se dijo optimista. Sin embargo, creo que si hiciésemos una encuesta con una muestra suficientemente representativa de nuestra sociedad el resultado sería el opuesto, con un claro predominio de los optimistas, o bien una suma de optimistas e indiferentes muy superior al número de pesimistas. Como todas las tecnologías digitales, la IA tiene unos poderes de atracción y adicción que son prácticamente irresistibles.

Es un lugar común decir que ante dos posturas encontradas, la verdad suele encontrarse en el punto medio. En este caso implicaría no ser catastrofista, pero tampoco entregarse de manera acrítica en manos de quienes nos prometen la solución de nuestros más acuciantes problemas mediante tecnologías como la IA. Es decir, poner cierta distancia para tener un panorama más equilibrado del asunto. Sin embargo, no es fácil. Varias cosas conspiran en contra.

En primer lugar, el lenguaje en el que viene envuelto este tema tiene un gran poder de ocultación y seducción. Álex Grijelmo afirma que “nada podrá medir el poder que oculta una palabra… el espacio verdadero de las palabras, el que contiene su capacidad de seducción, se desarrolla en los lugares más espirituales, etéreos y livianos del ser humano”. Y nos pone como ejemplo el lenguaje utilizado por los nazis:

“La intención de seducir con palabras ha alcanzado en la política y la economía, en las almenas del poder, su más terrible técnica. Ya el austriaco Karl Kraus (1874-1936) combatió el nazismo desmenuzando aquella propaganda construida con palabras manipuladas para la seducción, aquel armamento verbal previo a la destrucción de los bombarderos y de las duchas asesinas”.

Otro obstáculo para poner esa sana distancia es el acceso a cierto conocimiento del mundo, a una cultura general que hoy poco se promueve y menos se cultiva. Vivimos en una época que privilegia con fines utilitariastas los conocimientos técnicos cada vez especializados. Un conocimiento parcelado que aisla al individuo y le impide percibir los vínculos que relacionan todo lo existente, que funciona como las anteojeras que les ponemos a los caballos para que no se enteren de lo que hay a su alrededor. Me acordé de ello al ver el lanzamiento de los esperados Vision Pro.

Desde luego que la especialización nos ha traído beneficios, pero los extremos a los que se está llegando con ella tal vez no sean tan deseables como se nos dice. Sigue siendo necesario tener una visión de conjunto que nos permita percibir no sólo los vínculos, sino su evolución a través del tiempo, de modo que en el caso de las tecnologías digitales podamos conocer sus orígenes y aquellas circunstancias que les dieron nacimiento. Sobre Internet, no podemos ignorar sus raíces militares y respecto de la IA, ya nos lo recuerdan Mariano Sigman y Santiago Bilinkis en Artificial. La nueva inteligencia y el contorno de lo humano con el triste fin de Alan Turing, uno de sus pioneros: “En la génesis de la historia de la IA hay una profunda tragedia humana”. De algo sirve saberlo.