Josemaría León Lara Díaz Torre

Liberalismo, progreso, tolerancia, ideología, género, son solo algunas de las palabras que últimamente son utilizadas con mucha frecuencia. Ya se trate de una corriente de pensamiento seria o de un vacío adoctrinamiento de masas, a simple óptica el uso de la bandera de la “igualdad”, está provocando prácticamente todo lo contrario de lo que busca; en otras palabras, la prostitución de conceptos tan básicos como libertad e igualdad, están dividiendo día a día a este mundo.
Y es que en la interminable lucha de la defensa de lo indefendible, tanto de liberales como conservadores, de derecha e izquierda, de modernos y arcaicos, de evolución y medievalismo, de razón y moral, si el odio, el descrédito y el rencor le hacen antesala a una posibilidad remota de diálogo, nunca vamos a llegar a ningún lado.
Probablemente el problema de fondo, es que no hemos querido reconocer que en la diversidad se encuentra la propia identidad; el entendernos y respetarnos en lo individual, para así poderle ofrecer a la comunidad el qué y quiénes somos. Siempre han existido y existirán diferentes formas de pensar, pero eso no quiere decir que por ello, nos tengamos que auto lacerar como sociedad.
El descubrimiento personal puede llegar a causarnos miedo, aversión y hasta negación de uno mismo; quizás esa sea una de las causas por las que busquemos de manera instintiva el pertenecer a algún grupo, culto, secta, movimiento, ya que es preferible que otros piensen por nosotros mismos. Al bloquear la realidad personal, se puede ser quien uno deseé, desarrollando personalidades o imitando a lo que en el fondo nos gustaría ser.
La mayoría de las veces el sentimiento de pertenencia puede llegar a sanar heridas del pasado o a llenar huecos que por muchas razones no había podido ser llenados. Es verdaderamente agradable rodearse de gente que piense y actué como uno mismo, la vida transcurre de una manera más cómoda y se puede llegar a alcanzar una tregua de paz.
Si la persona no pudo o no quiso descubrirse a sí misma, al momento de pertenecer a una tribu social, encontrará un bálsamo, pero solo de manera temporal. Pues está en nuestra naturaleza humana y racional, el encontrar la propia identidad, pues si no llegamos a conocernos en lo individual, viviremos como borregos siguiendo al pastor en turno.
Al igual que es tan natural el instinto de supervivencia, otro de los factores que nos llaman a vivir en comunidad. La eterna lucha entre fuerza e inteligencia, ha provocado el distanciamiento entre naciones y cultural por el miedo a lo que es ajeno y desconocido; y por ser diferente y desconocido por ende es odiado. Odiar a quien no es como uno, es lo que ha provocado que este planeta viva en constantes guerras.
Por ello una vez más pretendo hacer un llamado al diálogo entre las culturas, entre las posturas ideológicas; para así reconocer que tenemos similitudes que hay que procurar, pero también que nuestras diferencias nos pueden hacer mejores; para esto, debemos partir de una máxima: al nivel fisiológico y racional todos somos iguales, somos humanos, somos personas.

@ChemaLeonLara
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