Desde hace ya casi un mes, se dio a conocer el reportaje-investigación realizado por el medio de comunicación LATINUS y la organización denominada Mexicanos contra la Corrupción. A través de dicho reportaje, se dan a conocer los lujos bajo los cuales han vivido José Ramón López Beltrán (hijo del presidente Andrés Manuel López Obrador) y su pareja en los Estados Unidos de Norteamérica.

Tras dicho reportaje, las conferencias mañaneras del Ejecutivo se han dedicado casi diariamente a intentar desmentir endeblemente los nexos que unen al empresariado propietario de dicho inmueble en Houston con el gobierno del presidente López Obrador; sin embargo, a estas alturas ninguna situación ha podido ser desmentida. Pareciera que, entre más intenta el presidente y sus funcionarios aportar información para “deslindar”, más se pone en evidencia la improvisación y el descuido de una auténtica red de corrupción.

Dentro de este afán por desvirtuar lo que parece ya imposible de desvirtuar, el Ejecutivo ha arremetido contra los periodistas que valientemente decidieron hacer del conocimiento público la investigación; sin embargo, pareciere que son estos periodistas los que llevan hoy una guerra declarada por parte de la presidencia que busca censurar la libertad de expresión y nos permite remontarnos a los más oscuros tiempos del presidencialismo mexicano.

La libertad de expresión era considerada como una de las conquistas más importantes desde el punto de vista jurídico e histórico, si bien la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos la prevé desde hace muchos años, lo cierto es que su cumplimiento y realidad se materializó hasta hace aproximadamente 35 años. A través de dicho texto constitucional, se busca proteger todo tipo de expresión (incluyendo la disidente del gobierno) y se les protege de amenazas o venganzas.

Cobra sentido recordar lo anterior, si consideramos que en los últimos días se ha atacado desde la tribuna presidencial a todos aquellos periodistas que se han atrevido a levantar la voz y a manifestar sus inconformidades con el régimen. Específicamente y en un inicio, a los periodistas Carlos Loret de Mola y Víctor Trujillo; sin embargo, con el paso de los días ya también se ha intentado dañar la imagen de algunos otros comunicólogos, por el simple hecho de que no se han prestado a formar parte de absurdos foros como el de la Reforma Energética en el que pareciere que los legisladores y miembros de la “Cuarta Transformación” buscan aplaudidores y no opositores o voces críticas.

En conclusión y aunque pareciera trillado o robado de alguna película: “Houston… tenemos problemas” y estos problemas han sido ocasionados por el libre y digno ejercicio de la libertad de expresión. Si el gobierno no puede garantizar la libertad de expresión, los problemas de hoy serán un chiste, si los comparamos con los problemas que se derivarán y vendrán para mañana; de ahí que como ciudadanos, tenemos en nuestras manos evitar la censura o el castigo y permitir que la ciudadanía se informe para detener las malas acciones de los gobernantes. Agradezco el favor de su lectura y les deseo un muy feliz fin de semana.

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