Por J. Jesús López García

El siglo XIV se entroniza como aquel en donde el género de salud tiene sus antecedentes, iniciándose el uso del término «hospital», conjunto a donde iban a parar un sinfín de menesterosos tales como viajeros, enfermos, vagabundos, pobres, débiles, necesitados, para recibir asistencia médica.

A causa del auxilio que se les brindaba hizo que existiera un vínculo muy fuerte con la religión, llegándose incluso que determinadas órdenes profesaran el voto de hospital, lo que hizo que éstas fueran distintas a las demás.

En ese momento en el «Viejo Continente», de forma particular en Francia, se edificarían sistemas arquitectónicos denominados como lazaretos o leproserías, fincas dedicadas a la atención de enfermedades contagiosas tales como la tuberculosis o la lepra, que además debían de estar relativamente aislados por la peligrosidad de estos males.

En lo que respecta a los primeros centros en México, serían aquellos levantados por el conquistador Hernán Cortés (1485-1547): el de San Lázaro y el de La Concepción. Las órdenes religiosas que predominaron como bondadosas y su dedicación para con los más desprotegidos fueron los Juaninos, Nuestra Señora de Belem y la Orden de la Caridad.

Llama la atención que la insalubridad en México ha sido compleja de erradicar pues en la mayoría de los hospitales o sanatorios se supeditaban a la estructura funcional de las viejas fincas, que trajo errores en el funcionamiento ya que los edificios eran “…adaptaciones a viejas casonas antaño construidas y aprovechándose modelos de hospitales europeos, defectuosos aún en aquella época. Aun más: resultó que al construirse nuestros hospitales, se añadieron nuevos defectos quizá mayores que los propios de los modelos originales…”, según Salvador Zubirán.

Es entendible que esta condición estuviera presente hasta la década de los años cuarenta del siglo XX, puesto que en Europa ya en los años veinte y treinta, pareciera que se habían dado adelantos en las unidades hospitalarias, sin embargo no era así puesto que los esquemas arquitectónicos giraban en torno a un espacio central conocido como patio. Basta citar el caso del Royal Masonic Hospital (1930-1932) en Londres por John Burneo, Tait y Lorne, donde con “…un planteamiento tradicional combinado con un diseño progresista en concordancia con las necesidades de la hospitalización moderna … la disposición general y los interiores siguen líneas tradicionales simétricas y formalistas…”, a decir de Arnold Whittick.

Sería el arquitecto Alvar Aalto (1889-1976) quien diseñaría un sanatorio modélico en su tipo: el «Sanatorio antituberculoso Paimio» (1929-1933) en Finlandia, el cual se entronizó como “…el resultado de un profundo estudio sobre la finalidad y las necesidades de un sanatorio… y que ha sido diseñado de acuerdo a éstas empleando sistemas y equipos modernos y científicos…”.

En nuestra capital acaliteña los antecedentes clínicos se remontan al Hospital de San Juan de Dios dirigido por la Orden de los Juaninos, por cierto en muy raquíticas condiciones al contar sólo con una botica y 8 camas distribuidas en tres salas. Así la situación, el Municipio adoptó su administración, sin embargo la «buena fe» no fue suficiente, manteniéndolo en lamentables condiciones, las cuales pasarían a resolverse cuando la profesora Rosalía Monroy decidió heredar a la institución hospitalaria sus bienes, esto en 1854.

Con el dinero en comento se construyó “…el edificio ubicado al Oriente del templo de San José… allí permaneció el Hospital Civil de Aguascalientes, hasta el año de 1903, desapareciendo en consecuencia, el anterior de San Juan de Dios…”, a decir del profesor Alejandro Topete del Valle.

Las condiciones físicas y los servicios, continuaron siendo deficientes, por lo que al acceder a la gubernatura Carlos Sagredo en 1899, decidió utilizar la finca del Hospicio para Niños que se encontraba inconclusa y en estado ruinoso, además de estar en ese momento, alejada del centro de la ciudad. La reconstrucción del inmueble dio inicio en 1901 y concluyó en 1903, inaugurándolo con el nombre de Hospital Miguel Hidalgo y Costilla.

Con el cambio de edificio y el equipamiento del mismo, el hospital dio un buen servicio durante las dos décadas que le siguieron a su inauguración, sin embargo, la demanda superaba con mucho a la oferta, por lo que nuevamente el nosocomio se vio en condiciones paupérrimas. Tal parecía que los problemas de salud aquejarían por siempre a la villa aguascalentense.

Como se puede colegir, el problema de salud no se llegaría a resolver con los esfuerzos del estado, por lo que la iniciativa privada daría sus primeros pasos. El primero de los sistemas fue el Sanatorio Ávila, quien era propiedad del doctor Antonio Ávila Castañeda, quien a partir de 1925 se puso a las órdenes de la sociedad acaliteña, representando un importante paliativo al asunto sanitario. El sanatorio lo dispuso en su excelsa finca tipo chalet, contando con servicio de cuatro camas, un quirófano, autoclaves y un laboratorio de análisis clínicos.

También de índole privado aparecieron otros dos sistemas: el Sanatorio Moderno y la Clínica Guadalupe. Así las cosas, Aguascalientes continuaría con un avance sostenido hasta el día de hoy, que cuenta con el nuevo Hospital Hidalgo para solventar la añeja cuestión de salud.