Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Un espectacular enceste creativo

El juego del baloncesto, como todo deporte que involucre un enfrentamiento entre equipos supongo, puede acomodarse sin problema a un modelo metafórico sobre la vida misma, donde hay que ganar a toda costa desarrollando estrategias específicas y jugando en equipo. La diferencia del basquetbol con otras disciplinas es la velocidad con que ésta debe desempeñarse, y ésa estructura dinámica, energética y vivaz es la que da sentido y forma a esta serie de la plataforma HBO MAX concebido por Max Borehnstein y Jim Hecht en tándem con el director Adam McKay (“La Gran Apuesta”, “El Vicepresidente: Más Allá del Poder”) quien aplica todo su set de trucos narrativos y visuales como lo ha hecho en su filmografía (diversidad de formatos, técnica juguetona, humor negro a mansalva, cuarta pared hecha añicos, etc.) para darle un lucimiento pleno a la historia sobre cómo un equipo en picada como lo fueron los Lakers a finales de los 70’s encontró cual ave Fénix un resurgimiento debido a dos factores que los colocaron en la cima: el respaldo financiero del millonario vividor Jerry Buss y la llegada a sus filas de un joven optimista que ama el deporte llamado Earvin Johnson, también conocido como “Magic”.
Los diez episodios que conforman esta primera temporada trabajan la historia con una armonía que nos permite apreciar los numerosos componentes que desarrolla, focalizando la narrativa en los puntos esenciales sin que ésta se disperse conforme los eventos se expanden y los personajes se multiplican. “Hora de Ganar” encuentra su hilo conductor en Buss (un ejemplar John C. Reilly), acaudalado hedonista que un día decide canalizar su fortuna al basquetbol, comprando al decadente equipo de Los Lakers, adquiriendo y remodelando también su recinto para dotarle de espectacularidad y dispuesto a demostrarle al mundo mismo que puede legarle algo digno. Para inyectarle nueva sangre a un escuadrón que ya contaba con uno de los mejores centros en la historia de la NBA en Kareem-Abdul Jabbar (Solomon Hughes) decide contratar a pesar de las protestas de los accionistas y el entonces entrenador Jerry West (Jason Clarke) al celebrado novato Earvin Johnson, un arrogante pero decidido chico afroamericano de 20 años para que sea el soporte de Jabbar en los juegos. La serie procurará durante el progreso de la trama atender toda necesidad dramática requerida por los personajes a través de una interpretación narrativa que decide no comprometerse con veracidades históricas sino con la emoción, la hilaridad y la emotividad que producen sus respectivas situaciones. De ese modo nos acercaremos a Buss, un hombre que no se deja vencer fácilmente comprometido afectivamente con su hija Jeanie (Headley Robinson), a quien contrata para auxiliar en la imagen del equipo asistiendo a la dura pero observadora publirrelacionista y secretaria Calire Rothman (Gabby Hoffman), y también con su madre Jessie (Sally Field), mujer sapiente e indomable que le ayuda a su hijo Jerry con el teje y maneje monetario. Por otro lado Johnson (Quincy Isaiah), quien busca ser campeón y honrar a su familia mientras procura la conquista de su eterno amor de juventud Cookie (TameraTomakili) abriéndose paso entre la naciente fama y su considerable gusto por las damas. En el ámbito profesional vemos cómo se producen batallas internas dignas de Shakespeare en cuanto a sus vueltas de tuerca y traiciones entre West, un nuevo coach llamado Jack McKinney (Tracy Letts) y un asistente de nombre Paul Westhead (Jason Segal) quienes buscarán llevar a los Lakers a la victoria, mientras que el equipo va adhiriendo sus propias personalidades y matices a la trama como la recia presencia de Jabbar, quien ve con recelo a “Magic” o los conflictos internos del alero Spencer Haywood (Wood Harris) quien cae preso de las drogas. Cada componente se integra y expone con maestría argumental sin empalmes o prisas produciendo una historia que entretiene a mares debido a los precisos guiones de Bohrenstein, Hecht, Rodney Barnes y Rebecca Bertuch quienes logran especificar a cada personaje con motivaciones y psicologías detalladas mientras que todo el cuadro de actores hace maravillas histriónicas con sus roles, convenciéndonos al igual que la cuidada puesta en escena que estamos en 1979 viviendo las tribulaciones y momentos absurdos en la gesta de uno de los equipos a la postre más importantes de la liga. “Hora de Ganar” es una serie lo suficientemente lista para entender que el triunfo no depende tan sólo de la recreación de partidos clave (que igual se producen y son muy efectivos) sino en la elaboración de situaciones y caracteres que deben ir madurando frente a nuestros ojos para involucrarnos de lleno, y así sucede durante cada emocionante, jocoso y entretenido capítulo. Este proyecto es como una clavada al aro de último segundo, un espectáculo que nos deja con la boca abierta y ganas de más.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com

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