Noé García

José Luis arriesgó parte de su patrimonio para poner un restaurant, era su sueño, tiene un trabajo fijo por más de 2 años como auxiliar administrativo en una empresa, pero su pasión es el mundo de la gastronomía.

Encontró un local en una zona con potencial, buscó equipo profesional de reuso en buen estado para abaratar costos; su novia le ayudó con el diseño, marketing y  la decoración, y contrató a un amigo técnico en gastronomía para encargarse de la cocina, la idea era abrirlo de jueves a domingo y de 2 a 12 pm, para estar el mayor tiempo atendiéndolo y no interfiriera con su trabajo fijo. Realizó todos los trámites gubernamentales, y  tramitó un crédito bancario. Cuarenta y tres  días duró todo el proceso hasta su apertura.

El viernes 6 de marzo se dio el evento, familiares, amigos y compañeros de trabajo asistieron con gusto para ver la ilusión de José Luis, un pequeño restaurant para 50 comensales, la especialidad era  la comida griega mexicanizada, influencia que tuvo por las vacaciones al viejo continente y le impactó el uso de ingredientes frescos, los toques cítricos y especias que generan platos que parecen sencillos pero llenos de sabor.

La novedad de ese fin de semana ayudó para tener más del 50 por ciento del restáurate ocupado. Llegó la segunda semana y el jueves que abrieron, llegó a las 7pm después de terminar su jornada en la empresa y pasar a su casa a alistarse; como estaba previsto en la tarde tuvo poca gente y fue igual en la noche; el viernes, en cambio, sorprendentemente casi lleno, los que fueron a la inauguración regresaron o enviaron sus recomendados. La ilusión lo embargó ni sintió el cansancio de la jornada pero se levantó el sábado comenzó a alistarse y a ir a realizar compras para surtir de insumos, recorriendo los pasillos leyó en su teléfono inteligente “Se anuncia suspensión de clases y jornada de sana distancia, las autoridades municipales recomendaron no abrir restaurantes, ni bares”, la incertidumbre lo embargó pero terminó las compras.

Ese sábado continuó con lo programado, notó que tuvo la mitad de comensales que el día anterior. Pero él mostraba un ánimo que quería transmitírselo a sus empleados, meseros, cocineros, le preguntaron qué pasaría, él daba respuestas tratando de tranquilizarlos minimizando el problema, ocultando su preocupación por el riesgo que corría su sueño y su patrimonio.

Al siguiente fin de semana, cerró temporalmente. Con los productos que tenía, realizó una jornada de ventas a domicilio, pero la respuesta fue poca, ya que era un negocio nuevo y poco conocido.

Llegó el 30 de marzo las pérdidas por el Covid-19 se recrudecieron, también ello el pago de renta y servicios, realizó el pago, vio como sus empleados, muchos de ellos que tenían varios meses sin encontrar trabajo antes de la oportunidad que él les había dado, regresaron al desempleo. Les prometió que en la reapertura los esperaba, pero él sabe que será difícil reponerse.

Historia 4

Itzel tiene la carrera trunca, la circunstancia del nacimiento de su bebé la obligó a buscar trabajo. Sabía que no podría ser ella y su niña una carga adicional a sus menguados padres. Cuando su niña cumplió un año salió de su municipio a la capital para buscar trabajo, le dejó a la nieta a sus abuelos con la promesa de mandar cada semana para su leche y pañales.

Cohabita un departamento con una amiga de su pueblo y que estudia en la universidad en la capital. En cuanto llegó tuvo suerte y la contrataron en una fábrica textilera, ahí duro 6 meses pero un paro técnico y recorte de personal, la afectaron.

Después de tres semanas sin trabajo, encontró y probó suerte en una empacadora de carnes, el trabajo era pesado, ya que maniobrar con carnes por tiempos largos y procesos repetitivos tiene un efecto físico.

Una señora que conoció en la textilera le mandó un mensaje “Itzel, te paso la dirección de esta empresa donde ensamblan una parte de los autos, pagan bien y el trabajo no es pesado.” No dudó en ir a buscar una entrevista, a los cinco días le notificaron que se presentara para un periodo de prueba que consistiría en una semana; si lo pasaba se quedaba. No dudó de su capacidad y renunció a la empacadora de carne.

Al tercer día de su periodo de prueba mandaron llamar a los que tenían menos de un mes contratados y a los que estaban en periodo de prueba. Los directivos de la empresa les dijeron “nos están obligando a parar la producción como medida preventiva de contagio del Covid-19” el sábado será su ultimo día.

Itzel regresó a casa de sus padres a cuidar a su hija y poner un puesto de elotes y frituras. Estaba cansada y desilusionada y extrañada cómo una enfermedad surgida en un país lejano como China se atravesó en su aventura de mandar unas monedas extras a sus padres e hija.