Al igual que su antecesor, el abogado Miguel de la Madrid llegaba a la presidencia con una profunda crisis, tanto económica como social, a lo largo de todo el país. La moneda nacional se había devaluado en más de un cien por ciento en tan solo un año, el Banco de México había escaseado sus reservas internacionales, la deuda pública externa sobrepasaba los 90 mil millones de dólares de la mano con una inflación que rondaba sobre el cien por ciento anual. Todos estos aspectos, ocasionaron una masiva fuga de capitales, cercana a los 23 mil millones de dólares.

Bajo este peculiar comienzo, la Iniciativa Privada alzaba la voz culpando a la incesante intervención del gobierno en la economía, como la principal causante de la crisis que se vivía. La incertidumbre de aquellos días, hacía prevalecer un clima de aires de cambio, tanto en el modelo económico, como del partido que siempre había alojado Los Pinos.

La llegada de este nuevo presidente, vino acompañada de la inclusión de una generación más joven de políticos, formados, en su mayoría, en las mejores universidades estadounidenses y familiarizados con el pensamiento económico clásico; el cual, estaba más relacionado con la disminución máxima de la participación del Estado en la economía, la confianza en la autorregulación del mercado y la apertura, sin barreras, al libre flujo de bienes, servicios y capitales en el ámbito global. Ya se visualizaba un mundo más globalizado. Así, después de años, se logró desplazar a los políticos de corte tradicional que carecían de un conocimiento económico moderno. Gracias a Dios.

A pesar de esto, de la Madrid sabía que la mayoría de sus políticas económicas eran impopulares y que el cambio a ellas, conllevaba una serie de sacrificios que tendrían que ser afrontados por toda la sociedad, en particular a los sectores con menores ingresos y a la clase media, los cuales, siempre habían sido una fortaleza del partido. De igual forma, el Estado, y particularmente el presidente de la República – si no es que era lo mismo en aquellos tiempos -, dejaría de poseer ese autoritarismo sobrenatural de las últimas décadas.

Aun así, los cambios se llevaron a cabo. Para 1982, el poder adquisitivo de la sociedad mexicana había decrecido en alrededor de 70 por ciento. La inflación pareciera que no tendría una caída en el corto plazo. Todo esto, generó caída en el PIB per cápita, de más de diez por ciento.

La situación era insostenible, se tenía que realizar un ajuste. Si es bien cierto que el gobierno tenía la intención de realizar el mismo, ante un déficit fiscal tan elevado, y que, dada la falta de recursos que se presentó al terminar el año 1982, era necesario disminuir el gasto. No obstante, la decisión de recortar el gasto afectó más a las clases populares y a la clase media que a los salarios de la alta burocracia. Tan solo en un par de años, el gasto público disminuyó en 17%, en vías de lograr mitigar la pujante inflación.

Con esto, los índices inflacionarios lograron, no solo detenerse, sino comenzar a contraerse. Pareciera que este complejo camino de austeridad, pudiera dar los resultados que el pueblo mexicano necesitaba. El nuevo modelo económico estaba sentando las bases de su funcionamiento, aunque el camino aún era largo.

Sin embargo, un terrible terremoto en septiembre del 1985, así como la amenaza de ciertos problemas políticos que podrían debilitar su gobierno, se optó por tomar medidas que contradecían al liberalismo. De nueva forma, se llevó a cabo una política económica expansiva. La inflación volvió a dispararse.

En resumidas cuentas, no esperemos observar en este sexenio, números distintos a los anteriores; pero lo que sí podemos distinguir: es a un presidente que, a pesar de aun contar con cierto autoritarismo, estuvo a favor de sacrificar algo de poder para lograr sentar bases económicas mas apegadas a la realidad liberal. Para México, era insostenible otro sexenio en las mismas condiciones económicas de las últimas décadas. Al final del día, ese será el legado de Miguel de la Madrid.

 

OVERTIME

La sorpresiva detención del general Salvador Cienfuegos, ex secretario de la Defensa Nacional, pareciera ser el comienzo de una pronunciada caída de ex funcionarios públicos; derivado de una serie de acusaciones e investigaciones que el gobierno de Estados Unidos, a través de la DEA, se encuentra realizando. Sin duda alguna, las declaraciones del ex líder del Cártel de Sinaloa, han sido claves para lograr la apertura de numerosos expedientes de investigación. La cacería, apenas comienza.

 @GmrMunoz