Saúl Alejandro Flores

¡Próspero 2023 a todos ustedes! ¡Toda la dicha y bendiciones!

Historia dedicada a los escasos y muy escasos profesionales que trabajan

en el sector agua y que tienen resultados, sí, sólo aquellos con resultados,

por lo tanto, son muy pocos. En especial, al Ing. Emiliano Rodríguez Briceño.

En el país de la Esperanza, había una ciudad que, al igual que muchas otras de esta nación, presentaba confusiones en diversas de sus actividades, al igual que en los roles que debían desempeñar cada uno de sus habitantes. Desde las autoridades hasta el ciudadano común, eran muy escasos aquellos que entendían su rol, pero lamentablemente no podían transmitirlo a otros pares, pues no los entendían. Por más esfuerzo que se hiciera, continuaba el arraigo hacia las formas de hacer siempre lo mismo por ignorancia o por un lastre permanente al que se denominaba corrupción, pues se fingía hacer bien las cosas, pero en realidad no era así. El afán era simular para obtener ganancias para sí mismos, obtener beneficios sin importar si se solucionaban los conflictos.

El transporte, el impulso a servicios como la educación, el desarrollo económico, medio ambiente se encontraban con severas deficiencias, a causa de dirigentes políticos que sólo aspiraron a un cargo y no resolvían problemas, los complicaban, tenían la habilidad de convencer a la gente que estaban realizando reformas o acabando con lo anterior, pero realmente volvían al caos anterior; no importaba el partido político, pues todos eran iguales.

En medio de esa catástrofe, sólo podía verse un panorama desolador. Todo era palabras y promesas, la espiral era una cuesta abajo, pocos podían contemplar algunos espacios o lugares, donde las cosas funcionaban bien o mejor. Eran, por decirlo de alguna manera, unos “oasis” en cuanto a la forma de prestar los servicios púbicos de agua, pero, al ser como oasis, eso significaba que eran muy pocos lugares que en la inmensidad no podían apreciarse, era algo así como las pocas estrellas que se ven ante el exceso de luz.

En una de sus comunidades, existía un grupo de personas que sabían cómo hacer las cosas para que funcionaran los servicios, pero esto sólo podía ser un destello de tres o seis años, ya que en este país la vida eficiente de un organismo operador de agua podría ser de dos o seis años máximo, y digo dos, porque el primer año se deben realizar reformas y un sinfín de ajustes en el interior de una organización y hacia el exterior refiriéndonos a la comunidad, localidad o municipio. Podían empezar a mejorar después de los daños que durante varios años de improvisaciones o de que las autoridades municipales o estatales no sabían ni que hacer y que sólo veían los servicios de agua como un botín electoral y máquina generadora de votos. Pero todo volvería a su lamentable origen, pues después de esos dos o seis años, las cosas volverían a ser como antes, es decir, un desastre.

Enrique, Pilar, Luis, Óscar, Tere, Arturo, Pedro, Marcela formaban un equipo que sabían cómo hacer las cosas, tenían ya experiencia, sin embargo, no eran originarios del lugar. Eso les generaba rechazo, pues la gente de esa ciudad quería gente del lugar, que no vinieran de otros lugares a enseñarles. Esa es una tara localista o nacionalista que no llevaba a buen rumbo, pues este equipo de trabajo traía sobre sí varias experiencias con resultados. Sin embargo, la práctica en algunos lugares es que se tenga x profesión y sea del lugar, no importa su experiencia o si conoce más allá de su pueblo, esto ha sido un impedimento para mejorar las cosas. Se prefiere lo local, aunque no conozcan más allá y continúen repitiendo los errores; aunque le busquen dar otro color o acomodo, pero sigue siendo lo mismo.

Este equipo de trabajo continuó sin importar las reticencias. Le mostraron al Alcalde los resultados y al cuerpo de ediles, lo mismo a otras autoridades locales relacionadas con el agua y a quien ocupaba la titularidad del ejecutivo en la entidad. Sus resultados eran incuestionables, pero el Alcalde se veía tentado a tomarse fotos y buscar palabras y actitudes que le ganaran la simpatía de la gente, no los resultados en favor de la gente; los regidores en cómo regentear el voto y favores, al ejecutivo estatal sólo si había manera de lucrar en favor de dinero. Así que mucho no les importaban los resultados de este equipo de trabajo, menos a los cotos de grupos de ingenieros que estaban acostumbrados a hacer las cosas igual y a esperar la oportunidad de vender sus servicios en aras de solucionar desperfectos, buscando que las soluciones no fueran contundentes, pues, desde su forma de ver, al existir mejoras reales se les acabaría el negocio.

Así que el esfuerzo y resultados de este equipo no llegaron a dos años. El equipo fue sustituido, pues era más rentable la simulación y que las cosas siguieran igual, pues ya no podría lucrarse con los votos y era preferible algún fanfarrón sin experiencia. Así que esta historia terminó, los avances se asomaron, pero no fueron del interés, a fin de cuentas, a un político no le conviene que se acaben los problemas, sino, ya no tendría manera de venderse a un electorado. Esta historia continuó repitiéndose a lo largo y ancho de este país.

Nos vemos el próximo año y la próxima semana, no olviden la importancia de emprender acciones que permitan que en México y Aguascalientes el agua nos alcance.

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