Saúl Alejandro Flores

Estimados lectores como he abordado estas últimas cinco semanas, continuamos con los comentarios respecto a los servicios de agua en el espectro local, en el caso de Aguascalientes, como ya lo había anunciado retomaré lo aportado por el reconocido investigador de la Universidad Autónoma de Aguascalientes Jesús Gómez Serrano, con relación al siglo XIX y principios del XX con sus tensiones sociales no resueltas en el tema hídrico. Vale la pena citar que él junto con otros investigadores del departamento de Historia han abordado también otros aspectos con relación al agua en otros usos, compilación que vale la pena no sólo darle lectura, sino que se considere y deba considerarse como un elemento indispensable para la articulación de una propuesta con respecto a esa problemática que se da en el ámbito hídrico en Aguascalientes, y que no sólo las autoridades lo contemplen, sino los diversos decisores sociales que participan o puedan participar. Fui enunciativo, por que no se abarcaría todo, lo he manifestado el espacio no es grande, pero se puede dar elementos que insten a la reflexión.
La investigación documentada del Dr. Gómez Serrano, permite también ahondar en el tema de las inversiones, finanzas, obras y acciones en el siglo XIX y XX, así como el fin para el cual se destinó en los periodos sobre los cuales hemos mencionado en este espacio y sección.
Vayamos entonces a la parte final de estas entregas sobre la historia de los servicios públicos de agua: “… en la ciudad de Aguascalientes, mucha gente siguió usando las acequias para bañarse y lavar la ropa, e incluso como drenaje. En 1945 se anunciaba que la acequia de la calzada Arellano era “una de las más concurridas por las clases populares”, que la usaban como “baño público”; esa costumbre era odiosa y “desdice mucho del nivel cultural de una capital de Estado”. Recordarán que la semana pasada mencioné que todavía en la década de los años “80”, con agua de la acequia ahí en la Alameda se veían lavadores de autos, incluso años atrás gente que lavaba ropa. Por supuesto el investigador al revisar las crónicas y testimonios pudo documentar esta práctica.
Dentro de la investigación también se encontró con otro problema que continúa impactando en el estado y por supuesto en el país, con repercusiones en los municipios que prestan los servicios de agua: “Abundaban también las tomas clandestinas de agua y las que se valían de su toma (legal) para vender o regalar agua a sus vecinos”. Lo anterior, nos refleja esa falta de visión y conciencia como podríamos decir ahora, en aquel tiempo no era considerado como una gravedad, la tolerancia se hizo práctica y de ahí esa costumbre persistió en hábitos de no pagar el agua, tal y como ha sucedido en diversas regiones o ciudades del país, aunque ahora el usuario no acarrearía el agua, pues llegaría a su domicilio, pero el no pago sería una constante y la proliferación de tomas clandestinas resultado de la ausencia de seguimiento por parte de la autoridad municipal y finalmente del gobierno estatal. El dejar que la conexión la hiciera el particular, por falta de atención, personal o recursos por parte de la autoridad, propiciaría esa anarquía, ni siquiera se dio el seguimiento o inspección plena, las consecuencias ya las vivimos ahora con una red deficiente.
Continuando con los datos que nos aporta el investigador, se visualiza otra transformación más: “En 1930, en el contexto de su ofensiva higienista, el cabildo ordenó la demolición de la pila del Obrador, lo que como era previsible fue censurado en tono lastimero por algunos, que decían recordar que cuando niños habían mitigado se sed en “las aguas cristalinas” de esa fuente”. Esa fuente aparece en algunas fotos de época, se ubicaba, casi frente a las ahora instalaciones de lo que hoy es esta casa editorial que me hospeda “El Heraldo de Aguascalientes”. Las fuentes fueron tradicionales en efecto, para el ornato y para el abasto como ya se vio en esta serie de entregas, incluso para el oficio emblemático de los aguadores. Con el paso del tiempo se perdería ese atractivo por beber, dado que también los animales bebían de dicha fuente.
Aguascalientes no era ajeno a los proyectos que se estaban desarrollando en otros lugares del país: “Con métodos y resultados diferentes a fines del siglo XIX se estaban construyendo sistemas de abasto en red en muchas ciudades mexicanas: Guadalajara, Culiacán, San Luis Potosí, Villahermosa, Monterrey, Torreón, Tampico, etc. En el caso de aguas de Monterrey ahora es una institución pública descentralizada del gobierno del Estado de Nuevo León, con personalidad jurídica y patrimonio propio. Vale la pena decir que tiene 107 años de existencia (desde 1956 como empresa pública, prestando los servicios de agua en 51 municipios), esa es una modalidad peculiar en el país, pero que refleja la continuidad en un proyecto, que aunque sea un ente público vale la pena decir que funciona como empresa, también podríamos precisar que es una empresa pública con altos niveles de eficiencia que ha asumido con responsabilidad y visión la función que le corresponde, igual a las administraciones gubernamentales con un estilo pragmático dejan trabajar el ámbito técnico.
Como pudieron ver amables lectores han transcurrido años en Aguascalientes, podríamos decir décadas y algunas cosas no cambiaron, parecería un común denominador que las cosas se olvidan, hay corta memoria en usuarios y que a pesar de vivirse momentos de tensiones sociales por lo que podría decirse crisis en el abasto y en el modelo de abasto de agua, no se trasciende, la tensión no se desdobla, porque la población ha sido manipulable con bajos costos, condonación de deudas, promesas, no cortes, pero no se ha llegado a generar una cultura de certera y puntual gestión y administración del recurso, así como en la definición de un modelo de gestión. Las consecuencias de esa ausencia se han vivido y se siguen viviendo, mezclado con un escenario que tampoco promete mucho, no existen alternativas públicas sobre la mesa que pretendan revertir esa inercia propia de Aguascalientes. De ahí la necesidad de poner en discusión alternativas viables, ausentes de vicios y reales que permitan que en México y Aguascalientes, el agua nos alcance:
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