El Zócalo de la Ciudad de México, formalmente Plaza de la Constitución, representa un ejemplo perfecto de plaza colonial, seguido por el resto de ciudades novohispanas y de otros virreinatos. Incluso su nombre de “Zócalo” es tan original que la Real Academia Española (RAE) define esta palabra como “plaza principal de una ciudad, especialmente la de Ciudad de México”. No obstante, más allá de su fama y condición de modelo como espacio urbano a seguir, la Plaza Mayor de la capital mexicana cuenta con una historia llena de acontecimientos y sucesos destacados, pues se trata del símbolo y epicentro de la vida política y cultural del país. En este artículo repasamos su pasado, especialmente el que va del siglo XVI al XVIII.

Después de la caída de Tenochtitlan, los españoles comenzaron a levantar nuevos edificios sobre los antiguos palacios y templos mexicas. Estos edificios constituían principalmente las sedes de los primeros colonos y de las autoridades del virreinato de Nueva España. Por ejemplo, el antiguo palacio de Axayácatl pasó a ser posesión de Hernán Cortés y, posteriormente, sede de la Audiencia (1530).

Por otro lado, el antiguo palacio de Moctezuma, después de formar parte de las propiedades de Cortés, se convirtió en residencia del virrey y sede del gobierno virreinal (1562). Se trata del actual Palacio Nacional, recinto del Poder Ejecutivo de la República.

En el lado sur de la plaza se edificaron las casas del Ayuntamiento, sede del gobierno de la ciudad; en el lado norte, se construyó la Catedral, siendo en sus inicios un edificio modesto, pues la actual Catedral Metropolitana duró varios siglos en ser concluida; y, frente a la antigua Plaza del Volador (hoy Suprema Corte de Justicia), se levantó la Universidad Pontificia de México; entre otros.

A lo largo de los siglos, la Plaza Mayor de la Ciudad de México presenció múltiples acontecimientos históricos y eventos públicos de todo tipo. Entradas triunfales de líderes políticos y militares, invasiones de ejércitos extranjeros, incendios, rebeliones, etc., son algunos ejemplos de ello.

Al mismo tiempo, el Zócalo fue el escenario principal del acontecer diario y las relaciones interpersonales. Entre las actividades cotidianas de los siglos XVI al XVIII destacaron el comercio y la celebración.

En cuanto al comercio, éste se caracterizaba por la compra-venta de todo tipo de artículos, desde los más básicos y económicos hasta los más refinados y caros. En la Época Colonial destacaron tres espacios comerciales: el Parián, donde se vendían objetos de lujo, procedentes de Filipinas, como joyas, ropa, cerámica, etc.; el Baratillo, donde se podían encontrar todo tipo de manufacturas y artículos del hogar, nuevos y usados, tales como vajillas, ropa, calzado, herramientas, etc.; y los tendejones y parasoles, normalmente situados en la parte sur de la plaza, donde los vendedores indígenas ofrecían a los paseantes bastimentos y artesanías. Por último, había un gran número de vendedores ambulantes que recorrían a pie la plaza y sus alrededores para vender todo tipo de artículos.

En lo que respecta a las celebraciones, destacaban las procesiones religiosas, en las que no faltaban las estatuas de santos, y las corridas de toros, que se solían llevar a cabo en un anexo de la plaza. Las fiestas solían ser acompañadas de cantos, danzas, juegos, representaciones teatrales, conversaciones y risas.

En definitiva, la Plaza Mayor durante la Época Colonial era el espacio público donde se daban cita todas las clases sociales de la ciudad y el virreinato de la Nueva España, así como el lugar donde se podían encontrar productos locales y otros provenientes de lugares tan lejanos como Europa o Asia. En definitiva, al igual que hoy, el Zócalo de los siglos XVI al XVIII constituyó la escena de los grandes sucesos históricos del actual México y el ejemplo a seguir para las demás ciudades coloniales y la sociedad en su conjunto.