Saúl Alejandro Flores

Uno de los pocos grifos en la ciudad que funcionaban los tenía Pilar, su cautela y previsión la había caracterizado desde su niñez, su carácter y sentido humano continuaban siendo parte de su vida, desde su infancia como voluntaria en un asilo, su amor por la música del piano de su casa, amante de compartir su conocimiento a su alumnado, y sus tiempos podríamos decir libres en continuar con total discreción en un voluntariado social.

Pero no todo quedaba ahí, su perspicacia y visión de adaptarse a las circunstancias sobreviviendo con los suyos a las pandemias en la transición de la segunda y tercera década del siglo, le permitieron visualizar la escasez de agua que se avizoraba.

La mayor parte del país padecía los efectos del cambio climático, sequía en su mayor parte, inundaciones consecuencia de lo atípico de las precipitaciones, pérdidas en ganado, en la agricultura; por otro lado, las ciudades eran una réplica del desacierto cuando rige la emoción en vez de la razón a la hora de tomar decisiones, los servicios de agua habían colapsado, la mayor parte de la población, solo se quejaba pero no estaba dispuesta en asumir actitudes de colaboración en mejorar el uso del agua, sólo quería regalos, no trabajar para construir. Las selvas y bosques fueron destruidos paradójicamente no por las empresas como se acusaba, sino por el propio estado y sus incondicionales, que aplaudían sin sentido, en una enajenación de la razón. Ese era ahora el país en una década se había ensombrecido y contaminado.

Volviendo con Pilar, ella supo distinguir el momento oportuno de ser pertinente hacia el futuro, y su manejo en casa del agua fue el óptimo, nunca confió en las decisiones que tomaron quienes dirigieron los gobiernos, desde los populistas que también abundaban en cualquiera de los diversos espectros ideológicos. Pudo ayudarse de su familia que le ayudó a formar una red que sabía aprovechar el agua de lluvia, y reutilizarla cuantas veces pudiera, el agua de su casa siempre era totalmente potable. Su pequeño huerto también recibía esos pequeños pero valiosos excedentes del líquido. Sus vecinos no corrieron con la misma suerte, el agua pocas veces llegaba a su domicilio.

Supo distinguir los desaciertos del gobierno de su país, que darían al traste con el recurso, los fanatismos y extremismos de grupos que se asumían defensores del ambiente, pero que adolecieron del más escaso sentido, el cual algunos llaman “sentido común”.

Su escepticismo fundado en torno a los mensajes y promesas de cada campaña electoral, que si se cambiaba de prestador de servicios, que si se organizaban las consultas, que si se construían grandes obras, que fueron de ayuda temporal pues la obra pública generadora de empleo, pero no era lo adecuado para administrar el agua, eso lo entendía Pilar, que era una gran administradora de lo escaso, no demandaba de un gran esfuerzo mental para entender a donde llevaría el despilfarro falaz de lo que se hacía, de lo que se discutía, de un mal hábito de quien aspiraba a un puesto de índole electoral como es el hablar no con lo que realmente se requiere, sino de parlar con lo que la gente quiere escuchar, lo cual implica una brecha de gran dimensión. Entre lo que se debe y lo que se quiere.

Como buena maestra congruente con esa vocación se esmeró en enseñar a las personas responsables en buscar una mejor manera de satisfacer sus necesidades de agua, economizar, concientizar el compromiso por preservar el recurso, captarla en su casa y reutilizarla no era sólo una tecnología, sino un habito responsable, no lucraba con ello, su mejor paga era ver que la gente lo usara y le brindara beneficios, a sus alumnos les enseñaba la importancia de la generación de la energía alternativa y de las consecuencias negativas que propició el uso de los hidrocarburos y carbón, el rezago en la tecnología propia para generar energía limpia. Contribuir a revertir las consecuencias e inercia de las malas decisiones las combinaba bien Pilar con su enseñanza cotidiana que disfrutaba con pequeños y en la otra parte del día a universitarios.

Aunque lo más valioso que enseñaba Pilar era ese contagio en que las personas cada vez se sumarán a preservar y generar el agua, parecía una labor imposible, restaurar todo el daño, cerrar las heridas al planeta, rescatar a las especies que viven del agua. Los resultados de la labor de Pilar no se verían de inmediato, sería necesario algunas centurias, lo sabía, pero no le interesaba el aplauso, sino germinar conciencias, y lo había logrado, su vocación era un oasis que se extendería gradualmente en un país que cada vez sentía vergüenza de sus errores. Continuamos la próxima semana con esta serie de reflexiones que permitan que en México y Aguascalientes, el agua nos alcance.

Comentarios: saalflo@yahoo.com

 

Nos vemos el próximo año, les deseo un mejor 2021, en el cual las ausencias de los seres queridos no sean la noticia cotidiana, y más que una esperanza, se tenga la firmeza de que las inercias negativas se transforman en acciones reales que efectivamente construyan futuro. Próspero 2021, que las bendiciones abunden en su vida.

 

 

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