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 Agua que no has de beber… ya no la dejes correr.

Fluvio Ríos Lagunes, hacía su recorrido matinal por las calles de una colonia por la que siglos atrás se dice que corría un arroyo y escurrían las aguas de un manantial, características que dieron a esta ciudad el nombre de Aguascalientes. Eso lo había escuchado de su abuelo y leído en algunos libros de historia, su reflexión estribaba en cómo había sido la vida en aquellos años. La nostalgia de lo no conocido siempre marcaba sus recorridos, porque el agua de la que disponían ya no era accesible, ni los manantiales, ni acuíferos, los primeros que fueron parte de la añoranza y los segundos, como parte de una discusión del siglo pasado en el que se hablaba de sobreexplotación, al igual que otros de los que existían en ese país que existía antes de la separación y conformación de autonomías regionales, consecuencia de la errática dirección de las últimas figuras de lo que fue el presidencialismo mexicano que arruinaron la economía, consecuencia de que asumieron formas y modelos basados en ideologías que siempre terminan por arruinar, con tal de ganar adeptos al aplauso fácil, pero no sólo se dañó la economía, sino las reservas naturales, al ambiente y el agua también fue afectada, ni siquiera se trataba de calidad sino la cantidad se convirtió también en una quimera.

Así que el agua era hoy en día un bien más que preciado, los hábitos cambiaron y las necesidades también, según podía leerse o por lo que nos describían los textos de historia, así que ahora era una reliquia en el que de alguna manera la escasa precipitación pluvial era lo más codiciado a pesar de su mala calidad que demandaba un tratamiento costoso. Fluvio se imaginaba cómo fueron las percepciones de la gente que discutía acerca de que el agua debía ser tratada como una mercancía, es decir gratis, buscar descuentos, otros que la contaminaban, (a fin de cuentas contaminaban y en contraparte pagaban, pero ese pago nunca repuso ni repondría el agua, pues no se repone con dinero), también los que lucraban sin escrúpulos y a otros simplemente no les importó, así que el agua fue otra más de las especies en extinción en el planeta, con su reducción también especies vivientes desaparecieron.

Algo de lo paradójico en esta historia que reflexionaba Fluvio, fue que aquellos que condenaban a las embotelladoras se volvieron en los verdugos de los usuarios, en efecto, pues tomaron la postura radical de nacionalizar el agua, pasando a ser del Estado, ahora él la regalaba, su valor fue poco considerado y la gente la seguía desperdiciando, pero como la historia se repite se regresó a la década de los años 70 en el siglo XX, las empresas del Estado quebraron y como era costumbre se echó la culpa a los gobiernos anteriores, así la poca agua de calidad ya no estaba al alcance, la misma calidad se deterioró.

Todo ello fue el resultado de no tomar las decisiones correctas en el momento oportuno o tratar de enmendar las erratas cometidas, el agua cada vez se volvió más inaccesible no sólo en alcance físico, sino en lo económico, pues el Estado nunca tuvo los recursos necesarios, ni la gente la capacidad de visualizar, entender, ni actuar hacia futuro, la voracidad fue el punto que nos acercó a la sequía.

Fluvio recordaba los paseos con su padre hacia unas lagunas que parecían a la vista hermosas, por el azul cobalto en el día y las noches en que la luna iluminaba el azul metálico que proyectaba un tipo de aurora, era un espectáculo visual, sin embargo, esa agua era un almacén de muerte, no tenían vida, su agua era tóxica e imposible de sanear, si hubiese alguna esperanza, podía ser a través de la ciencia, pero los recursos en investigación y los especialistas ya no eran parte de algunas regiones de este país, habían emigrado. Y esos almacenes de agua tóxica terminaron por destruir toda posibilidad de recuperar los acuíferos.

La vida era limitada y sin tanto frenesí, la sobrepoblación se redujo consecuencia del cambio climático, (lamentablemente fue así como se redujo), los hábitos nocturnos también cambiaron, consecuencia del trastorno climático, pues las noches eran hóstiles por el incremento de frío. Los niveles de vida se redujeron y las enfermedades pululaban.

Fluvio conservaba y guardaba con recelo ciertos consejos elementales de su abuelo aprovechando los descensos de temperatura en la noche, a partir de la condensación obtenía agua que empleaba en un huerto oculto en su propiedad resguardado por cactáceas, recolectaba especies o lo que pudiera ser parte de una vida, así como galerías bajo el suelo de su propiedad que captaba el agua filtrada de su huerto, creó un microciclo del agua, pero todo ello era de manera clandestina, pues el estado podía confiscárselo y considerarlo un hereje del sistema político cuya manera de contener una rebelión era que debía repartir todo. Sería considerado un acaparador y terminar en el mejor de los casos en prisión, lo más posible era ser apedreado por la gente bajo el criterio de los usos y costumbres, su propiedad sería dada a los pobres y esa tradición familiar acabaría. Lamentablemente, la voracidad impedía compartir.

En el planeta eran pocos los lugares a los cuales recurrir, había en efecto regiones que recuperaron y con su tecnología supieron mitigar los efectos del cambio climático y rescatar el agua, así como la creación de reservas, aquí era imposible, en la cabeza de Fluvio rondaron las ideas de cómo reutilizar o darles vida a la infraestructura que una vez trajo agua de otros lugares para abastecer la ciudad, pero esos enormes tubos y acueductos fueron dañados por los opositores y los llamados “huachicoleros del agua” también apoyados por los gobiernos imperantes, en los huecos ahora sólo había alimañas y vagabundos.

Con tristeza y resignación Fluvio sólo pensó en aquel dicho de los llamados populares: “Agua que no has de beber déjala correr”, pues eso no era posible para él, la gente si veía agua o era voraz o no le importaba, sólo la que le diera el Estado a pesar de mala calidad, nunca aprendió de la importancia del agua, Así que para Fluvio su frase sería “ Agua que no has de beber, guárdala para preservar la vida”, sí, aquella que ni la culpa tuvo y las decisiones humanas lograron casi exterminar del todo. Nos encontraremos en esta columna querido lector el próximo año, recuerden que debemos emprender acciones tendientes a que en México y Aguascalientes, el agua nos alcance.

Comentarios: saalflo@yahoo.com

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