Luis Muñoz Fernández

En un año como este 2020 marcado por la pandemia y aprovechando la cercanía del pasado viernes 23 de octubre, Día del Médico, parece oportuno reflexionar brevemente sobre la manera con la que se nombra a los integrantes del colectivo médico: héroes. A algunos, el calificativo, cuya buena intención siempre es de agradecer, les parecerá merecido, a otros, exagerado, y a algunos más incorrecto.

La definición de héroe parece simple desde el diccionario: “persona que realiza una acción muy abnegada en beneficio de una causa noble”, entendiéndose por abnegada la acción de quien “se sacrifica o renuncia a sus deseos e intereses, generalmente por motivos religiosos o por altruismo”.

Sin embargo, la cosa no parece tan simple. Fernando Savater define al héroe como “quien logra ejemplificar con su acción la virtud como fuerza y excelencia”, pero enseguida señala que los términos de esta definición no pueden ser conceptualizados de manera rigurosa y que siempre conservarán cierta ambigüedad. Los ejemplos heroicos, continúa diciendo Savater, inspiran nuestra acción y la posibilitan.

Por otro lado, reconoceremos que, a fuerza de tanto manoseo, la heroicidad inspira cada vez menos, aunque la palabra abunda en el discurso adulador e interesado de las autoridades políticas, sanitarias, gremiales y de diversos actores sociales.

¿El personal médico que hoy atiende a los enfermos de COVID-19 se está comportando con heroicidad? Pocos serán los que no reconozcan algunos ejemplos de comportamiento heroico no sólo en el gremio médico, sino en el personal sanitario en general.

Señalaremos también que el deber del médico tiene como límite el contar con las medidas de protección necesarias para desempeñar su arriesgada labor. No es imprudencia sino valentía lo que hoy se necesita, cualidad que ya Aristóteles definía como algo intermedio entre el miedo y la temeridad. Para el doctor Rieux, protagonista de “La peste” (1947) de Albert Camus, no es asunto de heroicidad, sino de honestidad, que en el caso del médico no es más que hacer su oficio. Más que heroicidad, es congruencia con la vocación.

Para Thomas Carlyle, referencia obligada en el tema que nos ocupa, la heroicidad es una forma de nobleza, “la de aquellos que se ponen en primera fila delante de todos, desafiando el peligro que los otros temen, el peligro que, si no es vencido a tiempo, acabará por destruirlos a todos. La corona de la verdadera nobleza es una corona de espinas”.

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