Por J. Jesús López García

Entre las dos Guerras Mundiales, frente al desencanto que experimentó Alemania con su derrota en la primera conflagración, surgió una corriente intelectual y artística muy crítica frente a un nuevo orden que dejaba en la indefensión a los habitantes. Escenas de guerra descarnadas y una visión urbana de las ciudades alemanas y sus personajes de visión sombría y pesimista fueron parte de una objetividad descriptiva y narrativa que criticaba al capitalismo que de acuerdo a esa visión, había desencadenado la Primera Guerra Mundial.

Entre los pintores más destacados de esa corriente destacan Otto Dix (1891-1969) y Georg Grosz (1893-1959), veteranos de guerra como también fueron algunos de sus exponentes en la disciplina arquitectónica. Esa corriente llamada Nueva Objetividad trascendió las fronteras alemanas y cundió también en los Países Bajos y Suiza bajo una visión crítica de corte socialista. Desde ese enfoque la arquitectura de la Nueva Objetividad se convirtió en la vertiente más enérgica del racionalismo funcionalista del Movimiento Moderno, siendo algunos de sus principales exponentes Hans Wittwer (1894-1952), Mart Stam (1899-1986) y Hannes Meyer (1889-1954), los dos últimos fundamentales para comprender el giro funcionalista que tomó la  Bauhaus, que con ello marginó a su expresionismo original y de paso fijar la prevalencia de la arquitectura sobre las demás disciplinas en su segunda fase de desarrollo antes de ser clausurada por el régimen nazi, precisamente por considerar a la escuela como un centro de influencia comunista.

La Nueva Objetividad en arquitectura, es muy diferente en sus aspectos formales a la pintura y la poesía de la misma corriente, pues más que enfatizar el pesimismo y la crítica frontal a la sociedad de consumo, se aplicó a la economía de recursos para definir una nueva manera de construir, más pura en sus medios y fines y desligada por completo a la edificación académica, jerarquizada y llena elementos significantes enraizados en la tradición.

Los edificios de la Nueva Objetividad abarcaron todo el espectro contemporáneo de tipos y géneros arquitectónicos, destacando además de casas para artistas y obreros, estaciones de tren y autobús, y luego experimentaron con edificios dedicados a la pedagogía con escuelas destinadas a los hijos de miembros de diferentes sindicatos alemanes.

Hannes Meyer arribó a México debido a que se le empezaba a perseguir en Alemania por su filiación abiertamente comunista. Se contrató con el Instituto Politécnico Nacional para la docencia en la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura; trabajó como director técnico en la Oficina de Proyectos de la Secretaría del Trabajo; Secretario arquitecto de la Comisión de Planeación de Hospitales en el IMSS y Coordinador del Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas (CAPFCE) fundado en 1944, dentro del cual presumiblemente, fue una influencia determinante para instrumentar proyectos con una visión preponderantemente funcionalista basada en una construcción sencilla y precisa, tal como lo hizo en las escuelas de los sindicatos alemanes.

El CAPFCE siguió funcionando hasta 2008, y a él se deben cuantiosas escuelas en todo el país. En nuestra ciudad, se aprecian múltiples edificios escolares bajo este modelo dentro de las que también caben aulas en el Instituto Tecnológico de Aguascalientes y de la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA), que a sus más de cuarenta años de construcción, continúan siendo funcionales y versátiles en su uso. En la UAA constituyen con sus generosas marquesinas y su altura sencilla, un excelente contrapunto a los jardines diseñados originalmente por el arquitecto Marco Antonio Acero Varela. Esos edificios de construcción bien especificada y fácil mantenimiento permanecen neutrales en un paisaje universitario que es ya patrimonio de la ciudad.

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