CDMX.- Carlos III hereda de Isabel II el trono británico pero también la fortuna privada de su difunta madre, un patrimonio colosal aunque insuficiente para rivalizar con los británicos más ricos.
Una inmensa parte de la herencia de la difunta monarca pasará a Carlos sin que el Estado británico reciba un penique en impuestos de sucesión, pero la principal riqueza real (las propiedades de la Corona y la colección real de arte y joyas) pertenece a la monarquía como institución y, como tal, Carlos no se beneficiará de ella a título privado.
En la era de la transparencia, nada obliga aún a los monarcas británicos a revelar sus finanzas privadas. Sin embargo, según el Sunday Times, Isabel II disponía de una fortuna personal de 370 millones de libras (8 mil 500 millones de pesos).
Esta cantidad situaba a la monarca por detrás de la autora de la saga Harry Potter, J. K. Rowling, y de muchos aristócratas británicos, entre ellos, el Duque de Westminster, 27 veces más rico.
La fortuna privada de la soberana incluye, asimismo, el dominio real de Sandringham, joyas, coches y la herencia recibida de su madre, la Reina Isabel, conocida como «Reina Madre».
El Castillo de Balmoral, residencia de verano de la familia real, y su casa de Sandringham, donde celebran tradicionalmente el fin de año, eran de la Reina y serán legados a Carlos.
Con una fortuna personal de 75 millones de libras (mil 730 millones de pesos), el nuevo Rey no figuraba hasta ahora en la lista de los mil habitantes más ricos de Reino Unido. (Miguel González/Agencia Reforma)