Eduardo Cedillo
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- El Día del Amor fue redondo el año pasado: viernes de quincena y con el nuevo coronavirus lejos… todavía.
“Veíamos el Covid como algo lejano que sólo pasaba en otro continente”, recuerda Isabel Rodríguez, gerente del Hotel Quinto Elemento, “además, cayó en viernes y teníamos las habitaciones por seis horas. Hubo mucho movimiento”.
Misma nostalgia deja ver Ricardo, gerente de Le Rêve.
“Todas las habitaciones estaban ocupadas por al menos dos personas. Incluso, teníamos personas formadas o esperando su turno en el bar del hotel”.
El San Valentín de este año pinta para ser la antítesis. Caerá en domingo, en semáforo rojo por el repunte de contagios que comenzó en diciembre y con un llamado reiterado a que se eviten los festejos, pues es en las celebraciones donde la gente baja la guardia y se maximizan los casos.
Estos establecimientos -antes conocidos como “de paso” y ahora como “hoteles del amor”- sólo podrán operar al 30 por ciento de su capacidad.
La higiene es uno de los factores que más contrastan con el pasado. La limpieza podía ser profunda antes de la crisis sanitaria, pero este año escaló a niveles de sanitización.
Andrea Rodríguez, de la cadena V Motel Boutique, relata el largo proceso de preparación antes de que una habitación pueda recibir huéspedes nuevamente: primero se retiran los blancos y la habitación se ventila durante dos horas. Hasta entonces llega un primer equipo de limpieza y, después, se realiza una primera purificación con luz ultravioleta.
“Al terminar esta desinfección llega el segundo equipo de limpieza, quienes visten la cama, colocan amenidades y afinan detalles. Posteriormente, realizan una termonebulización que se realiza con otras máquinas especiales. Al final, cerramos la puerta y colocamos un sello que garantiza la correcta sanitización de la habitación”, recuenta.
Hasta cuatro horas fuera de servicio, lo que limitará la capacidad de respuesta en caso de que llegara a haber demanda. En síntesis, la inversión para adaptar estos negocios a la pandemia ha sido muy alta, mientras que los dividendos siguen bajos.
“Estamos trabajando con un 30 por ciento de hospedaje y también del personal. No quisimos despedir a nadie, pero para no vernos afectados, tuvimos que hacer roles de trabajo con el personal para que vinieran menos días”, agrega Isabel Rodríguez.
A pesar de las penurias financieras, ha sido un sector solidario con quienes están en la primera línea de lucha contra el SARS-CoV-2.
En abril del año pasado, la Secretaría de Desarrollo Económico de la Ciudad de México anunció un acuerdo en conjunto con la industria hotelera de la capital para que brindaran hospedaje a personal médico en sus instalaciones.
Según anunció el Secretario de Desarrollo Económico, el programa arrancó con 175 hoteles que permitían alojamiento y más de mil 500 habitaciones disponibles. Desde ese momentos, hoteles capitalinos han brindado asilo a médicos, enfermeras y demás personal sin ningún costo, algunos, incluso continúan habitando en esos espacios.
“Este año no sabremos que esperar hasta ese día. Esperamos que venga la gente, pero es un momento complicado”, remata Isabel.