Ana Victoria Félix Llanas 
Agencia Reforma

Las investigaciones que determinaron presencia humana prehistórica en la Cueva del Chiquihuite, en Zacatecas, no sólo remontaron 15 mil años la cronología del poblamiento temprano de América.

También demostraron que el rastro de ocupaciones no se reduce al ADN de los antiguos habitantes, pues la huella de éstos permanece en objetos culturales, como las herramientas que emplearon.

El equipo dirigido por Ciprian Ardelean, investigador de la Autónoma de Zacatecas y la University of Exeter del Reino Unido, identificó casi 2 mil piezas de piedra, como cuchillas, raspadores y puntas, en la cueva del municipio de Concepción del Oro, a 2 mil 750 metros sobre el nivel del mar.

Orientado por los pobladores, el arqueólogo encontró este sitio en el 2010, durante sistemáticas caminatas en las cuales examinaba el terreno, como describe en un estudio publicado en la revista Nature el mes pasado.

Dicho artículo atizó un debate entre quienes creen insuficientes las evidencias presentadas por el equipo de Ardelean como indicador de presencia humana hace 30 mil años, y los que reconocen la solidez de los análisis que derriban la teoría comúnmente aceptada de los Clovis como primeros habitantes de América, 15 mil años atrás.

La Cueva de Chiquihuite es el primer sitio que data la llegada de pueblos al continente, en una investigación internacional, exhaustiva e interdisciplinaria, dice el paleontólogo Joaquín Arroyo Cabrales, miembro del equipo del Proyecto Arqueológico de los Cazadores del Pleistoceno del Altiplano Norte.

“A pesar de que han habido otros depósitos en el continente que han dado fechas más tempranas a la convencionalmente aceptada para la cultura Clovis, y sitios que han tratado de cuestionar este paradigma, poco se ha logrado porque no ha habido una investigación interdisciplinaria tan sólidamente apoyada en datos científicos.

“Consideramos que ésta puede ser un parteaguas. Seguramente en el futuro habrá otros sitios que darán información de este calibre y permitirán conocer mejor desde cuándo está el humano en América”, expone el también investigador del INAH.