César Martínez
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Contrario a lo que se establece en la ley desde enero pasado, el Instituto Nacional de Migración (INM) retiene a menores extranjeros en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), dentro de un cuarto sin ventanas y con la luz encendida las 24 horas.
Las reformas a las leyes mexicanas de migración y asilo que entraron en vigor este año señalan que bajo ninguna circunstancia el INM puede retener a menores en sus instalaciones, pero eso no se cumple.
Entre la noche del miércoles 7 de julio y la tarde del día siguiente, alrededor de 15 menores de edad, desde lactantes hasta adolescentes, estuvieron retenidos en una habitación de la Terminal 2, adaptada con literas y colchonetas en los pisos.
El espacio es usado por el INM como una especie de “sala de espera” para extranjeros a los que se les niega el ingreso a México y son devueltos a su país o que llegan al AICM en vuelos de conexión con destino a Centroamérica.
De acuerdo con testimonios recabados por REFORMA, el lugar parece más una celda gestionada por el INM y vigilada por personal privado, de la que no pueden salir a voluntad.
Al ingresar ahí, les retiran sus celulares y normalmente no les dejan realizar ni una llamada telefónica, además de que la alimentación depende de cada aerolínea en la que llegaron las personas y no les otorgan una cobija para cubrirse del frío en la noche.
En esas condiciones, “Daniel”, de 5 años, pasó más de 18 horas, junto con su madre y su hermano de 10 años; su padre, el catedrático colombiano Miguel Ángel Beltrán Villegas, fue retenido en un espacio distinto dentro de la misma T2.
A la noche siguiente después de su encierro, “Daniel” se despertó por una pesadilla: se encontraban en una cueva, de la que su padre no pudo salir.
“Son de los impactos que no se vieron en su momento, pero están ahí”, comentó su madre en entrevista.
Sin que nadie se lo dijera, “Daniel” asumió que estuvo en la cárcel, contó su madre, Natalia, quien ha tenido que llevar a su hijo a terapia psicológica.
Natalia recuerda que en la sala donde estuvo con sus dos hijos, los niños pequeños lloraban mucho, visiblemente irritados y probablemente con hambre, ya que no llegaba comida para todos.
En algún momento, los niños comenzaron a jugar a perseguirse, lo que generó la molestia del personal de vigilancia, que les pidió estarse quietos.
Ana Saiz, directora de Sin Fronteras, acusó que las personas que están en ese espacio del aeropuerto están privadas de su libertad, normalmente por más de 4 horas, por lo que urgió que se permita que el lugar sea supervisado por organizaciones civiles.
Advirtió que, en este punto de entrada a México, el INM opera con discrecionalidad, pues han detectado casos en los que son rechazadas personas que necesitan protección internacional.