Isaac Flores Téllez 
Agencia Reforma

CDMX.- Su imagen se ha viralizado con el nombre «la Hachiko mexicana». Se trata en realidad de «Canela», una perrita criolla que todos los días espera afuera del Metro La Raza a su humano: Sergio, un joven en condición de calle que se gana la vida haciendo acrobacias.

Duermen juntos a la intemperie, en el paradero del Metro, sobre una colchoneta. Todas las mañanas, Sergio alimenta a Canela con sobras que encuentra en la basura de los puestos de comida o con las croquetas de algunos personas que ya lo conocen. El agua para la perrita la sirve en botes que colocó al pie de un altar de la Virgen de Guadalupe.

Sergio trabaja en los vagones del Metro como faquir. Los comerciantes y microbuseros del paradero La Raza lo conocen como «El Japo». Su acto consiste en acostarse sobre vidrios rotos a cambio de unas monedas. Antes de irse se despide de la perrita, cuya fidelidad le ha ganado el apodo de «la Hachiko mexicana», por esperarlo todas las tardes a las puertas del Metro La Raza.

¿Quién fue Hachiko?

Hachiko era un perro Akita que nació en 1923 en Japón y se hizo mundialmente famoso por su fidelidad. Cada día, a lo largo de 10 años, acudió a las puertas del Metro a esperar a su fallecido dueño, el profesor Eisaburo Ueno, quien había muerto de un paro cardiaco.

Así como «Canela» se ha hecho viral en redes sociales y es ampliamente conocida en los alrededores del Metro La Raza, Hachiko se convirtió no sólo en un símbolo de la fidelidad canina, sino en un icono de la propia ciudad de Tokio. Hachiko estaba siempre a las puertas de la estación Shibuya del metro japonés.

La admiración popular por Hachiko hizo que le levantaran un monumento ahí, en el mismo lugar en el que todas las tardes esperaba al profesor Eisaburo Ueno. Hachiko murió el 9 de marzo de 1935 y fue enterrado junto con su amo. Desde entonces, cada 8 de abril se le recuerda como ejemplo de fidelidad. Actualmente en Shibuya, la estatua de Hachiko es uno de los principales atractivos turísticos de este sector de Tokio.

En 2017, la escultura de Hachiko portó un chaleco de la Marina mexicana, en honor a la perrita Frida por su labor de rescate tras los sismos de ese año.

«Canela» espera como Hachiko

A Sergio los comerciantes del Metro La Raza lo conocen hace unos 10 años. Cuentan que el joven es amante de los perros, y antes de llevarse un bocado de alimento, prefiere dárselo a sus mascotas, que al igual que a él les tocó vivir en las calles, sin el amparo de nadie.

«El Japo, es un chavo de la calle. Él adopta a los perros que son abandonados o que nacen en la calle. Canela es hija de Miguelita, otra perra que cuidó el chavo pero que hace poco murió. También ésa lo esperaba aquí en la entrada, y se estaba hasta que él salía», relata uno de los choferes.

Para «Canela» ya es un ritual, pues lo espera todos los días en el acceso que va dirección en Indios Verdes. Y así como Hachiko, de ahí no se mueve hasta que Sergio aparece. Ella está en el mismo lugar, así pasen muchas horas.

«Canela» es ubicada por todos en la zona y saben de quién es compañía. También saben que aunque vive en la calle, Sergio hace todo lo posible por mantenerla con vida y cuidarla. De hecho, la conocen desde que era una cachorra color miel, con orejas negras y hocico blanco.

Hace unos días «Canela» se hizo famosa en redes sociales porque la compararon con Hachiko y Sergio se enteró por comerciantes y le enseñaron las fotos que circulan en internet de su peludita esperándolo.

«Sí me dijeron que salió en el Facebook. Ya vi las fotos y mi perrita se ve bien bonita, pero lo que no saben es que en las dos fotos que pusieron, una es de mi Canelita, y otra de mi Miguelita que en paz descanse», relató Sergio, quien lleva más de una décadas viviendo en las calles de la ciudad.

De acuerdo con comerciantes de este lado norte de la Ciudad de México, el Metro La Raza ha sido punto de asentamiento de jóvenes en condición de calle. Muchos de ellos, al estar solos deciden adoptar a un perro callejero y hacerlo su única compañía.

«Hace muchos años, en el camellón dormía un adolescente, también como ‘El Japo’ tenía un perro, y los dos andaban siempre juntos.

En el día él se sentaba en la parada del camión con su perro, pero lo atropellaron y no sobrevivió, y el perro se quedó viviendo en la parada. Para nosotros es normal ver estas historias», comentó una vendedora de tamales del paradero.