Jorge Ricardo
Agencia Reforma

PALENQUE, Chiapas.- Sobre la loma, en un paraje de la selva deforestada, los troncos de los árboles fueron pintados con cal y en el valle se tendió un puente improvisado; se levantaron cuatro carpas y se intentó cubrir el lodo con paja y grava para recibir al Presidente Andrés Manuel Lopez Obrador y al representante de Joe Biden sobre cambio climático, John Kerry, quienes caminaron entre un maizal seco donde crecen cedros, plátanos y cítricos.
La Secretaria de Medio Ambiente, María Luisa Albores, guía el recorrido con un micrófono. «Aquí lo podemos ver: allá enfrente están haciéndose piedras y aquí está haciéndose suelo», dice, señalando al otro extremo, un pedazo de loma también deforestada para el pastoreo del ganado, comparándolo con el espacio donde ya crecen árboles de Sembrando Vida.
«Muéstrenle, a ver si hay lombrices», dice el Presidente cuando están en la biofábrica, en su intento por vender el programa al representante de Joe Biden en temas del cambio climático, para que lo financie en Centroamérica.
En un lado, el valle sigue pelón y, en el otro, hay árboles plantados hace tres años, pero también al fondo hay una cortina verde de árboles que marcan el inicio de la selva que fue deforestada.
«Esos son árboles simples, nomás, mulato, guácimo, son antiguos, de monte, nomás», sostiene Nicolás Alvarado, un campesino chol de 60 años que recibe cada mes 4 mil 500 pesos de Sembrando Vida, recargado en la valla de metal.
«Es más peligrosa la tuza que se come las raíces del cedro y la caoba. La tuza, ese es animal del diablo, jala la planta por el suelo o se come la raíz, y ves que está la planta pero se cae a un lado», explica.
López Obrador invitó a la delegación estadounidense a conocer su programa de árboles frutales y maderables que ha sido acusado de promover la deforestación para tener libres 2.5 hectáreas de terreno y acceder al apoyo.
A José Pérez, un campesino de 65 años y cuatro hijos, del Ejido Boca de Chancalá, le parece lógico: 4 mil 500 pesos al mes no se comparan con lo que se gana en Estados Unidos. «Si tienes hijos y te piden zapatos, ropa, juguetes, lo de Sembrando Vida no alcanza», dice.
Cómo quiera que sea, los campesinos están contentos con la visita presidencial, de la que se enteraron hace apenas dos días.
Presidencia había anunciado que la presentación sería en Balancán, a dos horas y media de Villahermosa, Tabasco, pero de última hora se cambió al ejido José Castillo Tielmans, a dos horas y media de Villahermosa.
«Hace dos días nos dijeron que viene el mero mero a revisar cómo vamos, porque hay campesinos que no se apuran, y qué bueno que viene a revisar porque hay que decirle que si el árbol no crece, no es culpa de nosotros, que es culpa de la tuza», insiste Nicolás Alvarado.
Al momento de los discursos, López Obrador y Kerry también señalan un límite con el tercer mundo.
Kerry acusa un incremento del 16 por ciento de las emisiones contaminantes, presume que los trabajos que más crecen en Estados Unidos son los relacionados con la energía eólica y la instalación de paneles solares; López Obrador presume que está construyendo una nueva refinería y que los mexicanos saben cuándo sembrar mirando nomás la luna.
«Permítame recalcar que esto (el cambio climático) no se refiere a la política ni a una ideología, esto responde solamente a la matemática, la aritmética y también a la física», insiste Kerry.
López Obrador reitera que Estados Unidos debe financiar Sembrando vida.
Tanto insiste, que Kerry le da su palmadita, pero apenas reconociendo lo obvio de que la reforestación es importante, sin comprometerse a poner el dinero.
«¡Es un honor estar con Obrador!», corean cuando salen en la misma camioneta. Una mujer que carga a un niño discute con los vigilantes para entrar y López Obrador se baja, saluda y permite que la mujer se le acerque. La abraza, le promete y se luce ante el representante de Biden.
«Mi hijo tiene una enfermedad rara que se llama linfagioma y, cómo a Adán Augusto lo pasaron a Gobernación, me dijeron que si yo no hablaba con López Obrador me iban a quitar el Seguro Social y gracias a Dios pude hablar con él y me dijo que me va apoyar», dice Guadalupe Totosauz.

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