Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

Por más que he buscado, no encuentro… No logro averiguar si la fachada del templo del Señor de los Rayos es anterior al Concilio Vaticano II, o posterior. Pregunté donde debía, con quien tendría que saber, y nomás no pude sacar nada en claro. El asunto no vale nada, de verdad, es simple curiosidad de mi parte, porque escrito está en nuestro equipamiento genético –por lo menos en el mío– el deseo de saber; de experimentar el Universo, comprenderlo y ampliar nuestra visión sobre él.

De ser pre conciliar, el asunto me parece insólito, dada su modernidad, que aún hoy me parece vanguardista y que contrasta con la mentalidad conservadora de este pueblo, aunque lo más probable es que sea posconciliar, por la información que logré reunir. Me escribió, por ejemplo, el sacerdote Antonio Verdín, quien me informó de la existencia de una interpretación de la fachada, realizada por el obispo Quezada, quien seguramente autorizó el proyecto del artista visual Guillermo González, pero no recuerda en qué fecha se emitió el documento, cuya reproducción está colgada en el costado oriente del templo. Por desgracia en el documento –ya me referiré a él– no consta la fecha. Leticia Leal me escribió lo siguiente: “Como por el año 1954 más o menos tendría su servidora unos 8 años. Mi Padre, aparte de ferrocarrilero, tenía un taller de balconería muy grande, el cual tenía por nombre Juan Leal Garza e hijos. Él le trabajaba todas las obras al arquitecto Francisco Aguayo Mora y a Chito, su ayudante. Pienso que dicho arquitecto se encargó de esta obra porque los trabajadores de este taller hicieron todo lo de balconería, junto con 2 de mis hermanos. Un día llegó mi Padre a casa diciendo se cayó un albañil y se mató”.

También se comunicó conmigo María Guadalupe Medina, quien recordó para mí lo siguiente: “el cuartito a donde llegó el Señor de los Rayos le llamaban el descanso, ahí había una especie de banca, me imagino que ahí acomodaban los féretros mientras los llevaban a donde los iban a sepultar, pero ahí lo hicieron de capilla para el Señor de los Rayos y a pesar de estar adentro del Panteón, mientras no cerraban las puertas, mucha gente lo íbamos a visitar, y la fachada del templo desde que lo terminaron así quedó, un Cristo con los brazos muy largos.”

Finalmente están los recuerdos de Magda Orduña y José Luis Cárdenas, que, si son lo suficientemente precisos, resultan concluyentes para afirmar que la fachada es, mínimo, de fines de los sesenta, principios de los setenta del siglo pasado. Dice Orduña: “yo hice mi primera comunión ahí, en 1967 y aun no existían esos símbolos en la fachada, aunque sí había trabajos de mejoras en el atrio.” Por su parte, la remembranza de José Luis Cárdenas es la siguiente: “Yo nací y crecí en la calle Reforma y recuerdo que la estructura del exterior se construyó en los setenta. Ahí fue mi adoctrinamiento y primera comunión. Mis maestras Victoria y Juanita Torres.”.

Así que declaro que hasta que no se demuestre lo contrario, la fachada del templo es de principios de los años setenta del siglo anterior.

Recapitulando, pensar en unos 15 años para la construcción de un templo me parece un tiempo razonable, considerando que la obra se edificaba con base en las limosnas de los parroquianos, y difícilmente el padre Juventino Díaz, su promotor, habría visto más de $10,000.00 juntos, supongo. Por mi parte, concluyo que la idea de la fachada, y no sólo su ejecución, no es parte del proyecto original, sino que se agregó muy posteriormente.

En fin. A ver si en las próximas semanas, mientras voy desgranando algunos datos sobre el tema, cae alguna otra información. Por lo pronto recupero ahora la figura del autor de la fachada, el artista visual Guillermo González, a quien según su hijo, el señor Germán González, le gustaba que le dijeran “el grabante”. González aprendió la técnica con uno de los integrantes del legendario Taller de la Gráfica Popular, aunque terminó separándose de la temática nacionalista que caracterizó a la obra de los artistas agrupados en aquella  organización, y más bien se enfocó en una búsqueda interior, teniendo como inspiración a los maestros del expresionismo alemán, por ejemplo, Karl Schmidt-Rottluff, con el que sin embargo nunca tuvo un contacto y más bien se trató de similitudes.

Del conjunto de la obra de su padre dice: “Con la simplicidad de una línea continua y el contraste geométrico de la luz y la sombra logró el sentimiento poderoso y desgarrador del sufrimiento religioso, el hambre y la guerra, contrastando posteriormente con el amor en pareja y el cariño intenso por los animales… Siempre fue un hombre dedicado a la creación y experimentación, a la búsqueda de texturas en metal, linóleo, madera, acrílico, utilizando una, dos y hasta 3 planchas de diferentes tintas, dando a sus últimos trabajos transparencias con un rodillo perforado.”

En Aguascalientes, González realizó la fachada de este templo y un viacrucis en el que, a decir del hijo, el padre “expresa su gran maestría como grabador con aplicaciones de soldadura de plomo”… Y que recientemente fue restituido a su lugar, dado que por alguna razón fue retirado de su lugar y sustituido por otro, de pasta. Teniendo en cuenta que un viacrucis, el que sea, cuenta una historia, el hijo afirma que le gustaba contar historias. Pronto se vio reflejado en su obra, creando secuencias de hasta 21 grabados que él llamó cuento maravilloso, en donde puede seguirse la vida de una mujer en plenitud con la naturaleza, el encuentro con el amor, la sexualidad, la maternidad, la familia, la guerra, la crueldad, la soledad y la muerte”. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).