Bienvenidos a los Estados Divididos de América

Supongo que el emparejamiento entre el estudio A24, panal de enormes creativos que van definiendo el rumbo del cine independiente con sus narrativas convexas hacia la directa horadación de la percepción mainstream, y el cineasta de ínfulas abstractas/poéticas trendy Alex Garland era algo así como inevitable. El escritor y director británico de 53 años se ha labrado una carrera con el megáfono contando historias de la más insulsa cepa traspolando los núcleos dramáticos de argumentos gastadísimos en literatura y cine a películas que anodinan la diégesis otrora potente en su forma original con capas y capas de resplandeciente pintura efectista que regala con singular descaro un gato al espectador que insiste en creer que está viendo una liebre, como sus timos “Ex-Máquina” y “Aniquilación” ya lo dejaron claro.
Con “Guerra Civil”, su trabajo más reciente, cupo en un servidor un dejo de duda -por no decir esperanza- al tratarse de un proyecto que lo alejaba de esa ciencia ficción dura tan proclive a la chapuza sensiblera y dizque psicológica para abordar temas más serios y pertinentes dado el estado actual en cuanto a sociocultura, política y sesgo comunitario/partidista prevalece en los Estados Unidos retratando una posible guerra civil en la era de las redes sociales y la comunicación satelital. Al verla, queda claro que al cineasta le sobran tablas técnicas y plásticas, pues el filme es un caramelo ocular con planos y encuadres que rechinan de limpios, pero como narrador aún le queda un largo camino que recorrer y para muestra, la trama: en una Norteamérica ubicada en un futuro que se antoja muy inmediato, los estados de California y Texas (¿!) se han aliado en contra de un Presidente déspota (Nick Offerman) que ha ordenado el ataque a su población civil. Ante una inminente ofensiva por parte de la fuerza rebelde a la Casa Blanca, un grupo de fotoperiodistas liderados por la aguerrida pero presa de estrés post-traumático Lee (Kirsten Dunst) decide junto a su colega Joel (el brasileño Wagner Moura) emprender un peligroso viaje hasta Washington D.C. para ser testigos gráficos del acontecimiento y tal vez obtener una declaración del mandatario mismo. Se les unen el veterano reportero Sammy (Stephen McKinley Henderson) y la novata pero apasionada Jessie (Cailee Spaeny) -quien idolatra a Lee- emprendiendo una jornada a modo de road movie donde verán de todo, desde enfrentamientos entre milicianos gringos hasta una comunidad que vive en una burbuja de paz al aislarse del conflicto mostrando un mundo al borde de la distopía donde Lee será el eje dramático en base a sus observaciones, perspectiva y sentir.
Éste es el débil púlpito donde Garland ha decidido pronunciar su discurso sobre aniquilación mutua mediante una historia que carece de carácter y agallas para ahondar en los puntos esenciales de la historia, relegando la naturaleza del conflicto interno (jamás sabemos el porqué de la división que ocasiona la dichosa guerra civil) a favor de una trama que pretende enaltecer la labor del periodista y ni siquiera lo logra de forma adecuada, pues todos los personajes se ofrendan a la pantalla en habla y cuerpo de modo casi inerte semejando los cadáveres que con irreflexivo entusiasmo capturan con la lente, exorcizando su psicología y emotividad transformándolos en arquetipos banales e incluso irresponsables ante la cantidad de pésimas decisiones que exigen mejor desarrollo o una explicación más sensata, como el involucrar a una jovencita y un anciano en el proceso. Lejos estamos de una sátira o discurso inteligente sobre la política estadounidense porque la cinta persiste en enfocarse en la supuesta heroicidad y conflictos del reportero gráfico sin considerar los elementos externos, como un caballo y sus aparejos, además de no exentarla de las pedantes elocuciones visuales características de Garland, como la escena donde los protagonistas atraviesan un bosque en llamas que peca de obviedad y petulancia sin que anexe algo valioso, tan sólo una bonita imagen bien diseñada y compuesta.
“Guerra Civil” llega en un momento de precariedad social y política que prevalece en los Estados Unidos y por ello debió ser algo más trascendente que una anécdota aventurera sobre un grupo de fotoperiodistas atravesando el país, sin algo significativo que decir sobre su oficio y con la pretensión de una “objetividad” que carece de una mirada relevante. La película enardece, pero por todas las razones incorrectas.

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