Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Después de ver “Guasón”, me queda claro que no es que haya a quienes les guste ver al mundo arder, sino que éste ya está en llamas y se lucha por no ser una flama más. Aquí, la némesis de Batman adquiere tintes trágicos con base en su propia degradación como ser humano sometida a una infranqueable soledad e inadecuadas herramientas sociales, por lo que podemos descartar aquello de que El Guasón es la personificación de la locura, simplemente y parafraseando a Alan Moore en su seminal novela gráfica sobre el personaje titulada “La Broma Mortal”, es simplemente el producto de una acumulación de días malos, reflejados en los decadentes gestos y risotadas estertóreas que produce el protagonista, aquí llamado Arthur Fleck, a través de un Joaquin Phoenix que logra, como siempre, una correcta mimetización en el papel.

Fleck es un comediante frustrado que vive con su madre (Frances Conroy) en un ostracismo que produce un microcosmos, donde él la mima y cuida mientras ella desvaría o ve la televisión, invocando insistentemente a un antiguo patrón, el prominente ciudadano de Ciudad Gótica Thomas Wayne (Brett Cullen), quien busca postularse a un importante cargo público. Arthur padece de un síndrome denominado (pero jamás mencionado en la cinta) Afecto Pseudobulbar, el cual lo impele a reír aguda y estrepitosamente en las ocasiones más inapropiadas. Una de ellas en particular se transforma en el detonante argumental de la cinta, cuando después de uno de sus miserables días laborales como payaso anunciante, recibe una paliza por parte de unos yuppies que no toleran la incontrolable risa de Fleck cuando los jóvenes acosaban verbalmente a una joven. La trifulca termina en muerte para ellos y al ser reportado en la prensa, la clase trabajadora de una ciudad al borde del colapso económico donde el capitalismo desmedido ha enriquecido a hombres como Wayne y su familia y dejado en el desamparo extremo a la mayoría de la población, ve la posibilidad de producir una catarsis social vistiendo como payasos y realizando revueltas por toda la metrópoli. Por su parte, Arthur adquiere cierta notoriedad cuando una grabación de él mientras realiza una rutina en un bar de comedia, es transmitida por el famoso presentador televisivo Murray Franklin (Robert de Niro), el ídolo mediático de Arthur.

El director Todd Phillips (la trilogía de “¿Qué Pasó Ayer?”) busca encontrar un tono de seriedad para el relato y lo localiza en la filmografía de Martin Scorsese, de quien toma toda su estructura dramática para incorporarla al relato, particularmente de “Toro Salvaje”, “El Rey de la Comedia” y muy en especial “Taxi Driver”, la cual parece haber encontrado su remake no oficial en esta cinta al vertebrar la narrativa de este filme. Y esto termina por hundir las intenciones de la cinta, ya que al no encontrar una voz propia y una expresión honesta en cuanto al discurso sociocultural que con cierta mesura la película pretende generar, nos quedamos con alto grado de dispersión de ideas, si bien no técnica, ya que la cinta luce asombrosa produciendo una plástica muy específica y rica visualmente. Sobra decir que Joaquin Phoenix hace lo suyo de maravilla aportando determinados matices psicológicos al personaje mediante muecas y lenguaje corporal que termina por apropiárselo sin problemas. Pero la fatiga perceptual que produce en el espectador la constante recurrencia al cine de Scorsese e incluso del mismo Stanley Kubrick (varias tomas plagian descaradamente a “Naranja Mecánica”, entre otras) diluye todo potencial, acercándonos a lo más obvio de la propuesta. De cualquier forma puedo especular que el factor morbo en cuanto a cómo se verá retratado el famoso personaje –quien hasta la fecha no posee un origen per se en los cómics– ha sido el factor crucial para el impresionante éxito taquillero de “Guasón”, y por ello son la Warner Bros. y la DC quienes ríen al último y no nosotros, pues sentimos que este chiste ya se nos ha contado antes y mucho mejor.

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