En el ámbito de la seguridad privada, existen historias que rara vez se cuentan, aunque estas personas desempeñan un papel esencial en nuestra sociedad. Lamberto Muro Sánchez, guardia de seguridad con 17 años de experiencia, comparte su perspectiva y vivencias desde la trinchera de su labor diaria.

Para Lamberto, la seguridad privada no es solo un empleo, es un compromiso que exige sacrificios personales, especialmente en fechas festivas como la Navidad. “Nosotros vivimos de un salario, el cual tenemos que respetar”, comenta. Con 63 años de edad, ha dedicado los últimos 15 al resguardo del Colegio Marista, en Aguascalientes. Su presencia es una constante, incluso cuando otros celebran en casa con sus familias.

“Para nosotros no hubo COVID;nosotros hemos estado todo el tiempo al pie del cañón”, señala con orgullo, recordando que, a pesar de las adversidades, él y sus compañeros nunca han abandonado sus puestos. Su responsabilidad como la «primera línea de contacto» para las empresas les impone una disciplina férrea.

Trabajar durante la Navidad es un desafío emocional. Lamberto describe cómo se siente al ver a las personas disfrutar de las fiestas mientras él cumple con su deber: “Nos da un poco de tristeza porque la familia está sola, pero nos sentimos orgullosos de cuidar a terceras personas”. Ese orgullo lo ha acompañado en cada turno, incluso en días donde otros descansan.

Antes de dedicarse a la seguridad privada, Lamberto formó parte de la Policía Preventiva, donde aprendió los valores de la disciplina y el compromiso. Aunque esos días quedaron atrás, su vocación de servicio sigue intacta.

En esta Navidad, Lamberto descansará el 25 de diciembre después de trabajar en Nochebuena, un respiro breve antes de retomar su responsabilidad el 31 de diciembre. “Son días muy significativos, pero sabemos que nuestro trabajo es importante para que otros puedan disfrutar tranquilos”, finalizó.