Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

No me gusta la fiesta de los santos inocentes… Es una celebración cruel, y así como el 25 de noviembre es el “Día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer”, por haber ocurrido un día de esos el asesinato de las hermanas Mirabal en República Dominicana, por luchar por los derechos de las mujeres, así el 28 de diciembre debería ser declarado Día internacional de la eliminación de la violencia contra los niños.

Por cierto que en Aguilar del Campoo -así es; no se me fue una o de más- muy cerca de Burgos, en España, existe un templo de estilo románico que tiene un capitel, una pieza en verdad muy pequeña, de cantera exquisitamente labrada, que representa la escena de la matanza perpetrada por soldados de Herodes, tal y como la imaginaron hace 1000 años quienes labraron la piedra. Aparecen en ella soldados, por cierto luciendo cotas medievales, sus pequeñas víctimas y algunos observadores. En verdad no hay lugar sin cultivar en la superficie de la pieza…, y las figuras están talladas con una delicadeza que conmueve, por el fervor que impulsó a aquellas manos. 1000 años después las espadas siguen segando las vidas de los inocentes, y el asombro continúa reflejándose en los ojos de quienes observan esta crueldad inaudita; 1000 años después.

Me acuerdo también de un pasaje del escritor portugués José Saramago, en el que el ángel que acompaña a la sagrada pareja, supongo que será Gabriel, los recrimina por haber sabido con anterioridad lo que venía y no haber advertido a los padres de cuanto pequeño vivía en sus alrededores, y en cambio haber huido a toda prisa, prisa de burro, a Egipto. “Dijo el ángel, fue la crueldad de Herodes la que hizo desenvainar los puñales, pero vuestro egoísmo y cobardía fueron las cuerdas que ataron los pies y las manos de las víctimas. A los pobres soldados Saramago hace decir, en espera de comenzar con su terrible misión: “somos los desgraciados los de nuestro oficio, como si no nos bastara con practicar lo malo que la naturaleza nos dio, tenemos encima que ser el brazo de la maldad de otros y de su poder”… También el argentino Ariel Ramírez inmortalizó el episodio en la vidala tucumana La huida, la pieza final de su maravilloso ciclo de canciones navideñas: “Ya tocan a degollar/ya está sangrando el puñal./Niño bonito, no lloris mi amor/ya llegaremos a tierra mejor”. Recuerdo también a mi amigo Alejandro Velasco Rivas, que cuando tenía pequeños a sus hijos, declaró esta fecha como la “fiesta de los padres maltratados”, y a Herodes, aquel desgraciado que ordenó la matanza, su santo patrono.

En fin, que no me gusta esta fiesta… Es como si de tajo se cortara el sabor amable de la navidad, su silencio de suave musicalidad, la luz cálida que se refleja en los ojos de los pequeños ante las historias que les cuentan sus padres y los regalos que reciben, y con la misma violencia de una cuchillada recuperáramos la dureza de la vida, frecuentemente despiadada, que por unos días la navidad nos oculta y/o mitiga…

Por otra parte, no me hace ninguna gracia el que se relacione esta violenta efeméride, con la costumbre que tenemos de aprovechar el día para hacer bromas, a la voz de “inocente palomita que te dejaste engañar, sabiendo que en este día nada se debe prestar”

Por más que he buscado en las fuentes a mi alrededor, no he encontrado ninguna información que relacione una cosa con la otra, pero independientemente de lo anterior, es preciso decir que esta tradición -creo que sí podemos considerarla como tal- anida de manera especial en los medios de comunicación, que en este día acostumbran publicar noticias insólitas, o demasiado buenas para ser verdad, que concluyen con la obligada aclaración, por aquello del no te entumas… Para que funcionen, al menos por unos segundos, no deben ser tan descabelladas como para resulten increíbles a primera vista. Probablemente fue el nazi Joseph Goebbels, quizá, quien afirmó que para ser creíbles, las grandes mentiras debían contener cierta dosis de verdad…

gAquí le van algunas posibles perlas sobre el tema: Cruz Azul enfrenta a su destino y lo vence al ganar el Torneo Guardianes 2020; el presidente López Obrador hace voto de silencio; el gobernador anuncia que en cuanto se controle la pandemia -¡cuando sea que esto ocurra!- se llevará a cabo la Feria de San Marcos, y que durará un mes por cada año que no se haya realizado. ¿Cómo ve?

Cambio de tema. En estos días, será porque este año excepcional, pletórico de vértigos y miedos, está llegando a su fin, ha venido a mi mente la manera como terminan algunas canciones mexicanas: “Despedida no les doy, porque no la traigo aquí; Ya con esta me despido, con la estrella del oriente, esto le puede pasar al hijo desobediente. Ya con esta me despido/deshojando unos rosales/aquí se acaban cantando/Catarino y los rurales. Por ahí va la despedida/Chinito por tus quereres/La perdición de los hombres/Son las benditas mujeres; Señores, ya me despido/que no tengan novedad./Cual héroe murió Zapata/por dar tierra y libertad.

Pues así yo con este espacio, que hoy ve la luz última. A ver que tal anda mi lira en el momento de la despedida, con la advertencia de que no soy poeta ni mucho menos otras cosas que haya que componer. Así que corre y se va: Esta columna llega a su fin/en el año desdichado./Aquí aviento el violín/aunque me sientaafortunado./A usted le agradezco siempre/su bondadosa atención./Desde luego disfruté/de tan grata comunión. “Para que recuerde” se acaba/no sin mucha emoción./Pero no haré por este hecho,/el gran culebrón./Perdone si alguna entrega/no fue de su pleno agrado./En mi descargo diré que/para mí fue apostolado/El Heraldo fue mi casa/durante casi 18 años./Espero no haber causado/demasiados daños./Ya con esta me despido, con la estrella de fin de año/Esto le ha de pasar/al escritor ermitaño. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).