La Iglesia no está llamada a ser enemiga del Estado ni instrumento de ningún partido político, sino conciencia moral de la sociedad y servidora de la verdad, afirmó el Obispo Juan Espinoza Jiménez, quien aseveró que la institución no puede permanecer indiferente ante la mentira, la corrupción, la impunidad, la violencia, la pobreza de muchas personas o cualquier forma de abuso de poder.
Durante la homilía dominical, el prelado señaló que las autoridades tienen una enorme responsabilidad ante Dios y ante el pueblo que les confió el servicio público. Hizo referencia al compromiso de no mentir, no robar y no traicionar al pueblo, al precisar que la verdad, la honradez y la fidelidad no son solo virtudes sociales, sino exigencias morales, por lo que gobernar no significa servirse del pueblo, sino servirlo.
Al abordar el Quinto Plan Diocesano de Pastoral, Espinoza Jiménez llamó a los fieles a no permanecer indiferentes ante el compromiso social ni guardar silencio frente al mal. Explicó que el amor no es complicidad, silencio ni indiferencia, por lo que se requiere ejercer la corrección fraterna en privado, evitando la crítica, la murmuración, las publicaciones y las descalificaciones.
Subrayó que la Iglesia debe salir de los templos y llegar a las familias, las escuelas, los lugares de trabajo y los espacios donde se toman las decisiones que afectan a la sociedad.
El jerarca católico manifestó que la transformación del país requiere la conversión del corazón de cada ciudadano y llamó a evitar que se exija honestidad a las autoridades mientras se justifican pequeñas deshonestidades cotidianas.
Finalmente, estableció tres compromisos institucionales para el presente periodo: aprender a escuchar a Dios y a la sociedad, ejercer el amor al prójimo y hablar con verdad, caridad y firmeza en defensa de la dignidad humana y los derechos sociales.