Por J. Jesús López García

La arquitectura tiene una enorme variedad de maneras de ser clasificada. Aquellos que poseen un interés en las artes y en la cultura, los estilos y tendencias, los cánones y los órdenes -los órdenes de la arquitectura clásica-, son factores de organización de mucha importancia. Para quienes observan la arquitectura como una industria humana que aporta su ejercicio para el hábitat del hombre, existe a su vez una gran diversidad clasificatoria. En este sentido, debido en buena parte a la preeminencia de las ciudades como las grandes concentradoras de la experiencia de la humanidad en todas sus potencias, los géneros arquitectónicos sirven para organizar no solamente la producción edificatoria con fines cuantitativos, sino también con vistas a un análisis sociológico, antropológico y claro está, territorial y económico. Todo lo anterior sin detrimento de lo que representa la arquitectura como una parte muy importante e interesante de la vida cultural de todo grupo humano.

Los géneros arquitectónicos derivan de los usos y las funciones que propiciaron la creación de tales o cuales edificios. En el Antiguo Egipto el género funerario fue de enorme importancia, a tal grado que la construcción de las pirámides fue una industria productiva para esa civilización a la par de la agrícola. En otros periodos de la historia de la humanidad -y de la arquitectura por consiguiente-, otros han sido los géneros más construidos, y cuando una civilización ligada a una o más ciudades, tiene un nivel de evolución que la hace más compleja y rica en posibilidades, hay una gran profusión de géneros edificados.

De entre los géneros que simplemente no faltan y que son el indicador de que hay una economía pujante que abarca a una mayor población, el habitacional es tal vez el más importante. Cuenta por más del 70% de la superficie construida de casi cualquier ciudad y su variedad en cuanto a tipos es considerable: la vivienda se presenta unifamiliar, multifamiliar y también en modalidades en que a veces disociamos su función básica como en el caso de las prisiones.

La casa unifamiliar a la que se accede por diversos caminos de financiamiento, es tal vez la mejor representante de una economía basada en el esfuerzo individual. Tras la Segunda Guerra Mundial, la construcción de grandes fraccionamientos en los Estados Unidos, fue parte importante de la reactivación económica, y al mismo tiempo, una manera de ayudar a su población a un patrimonio más sólido y menos sujeto a la incertidumbre, uno de los puntales de bonanza de mediados del siglo pasado y modelo también para la política mexicana para proveer de vivienda a la población.

La casa unifamiliar es así una de las maneras más representativas de indicar el progreso económico de la población, pues a partir de la industria de la construcción de vivienda se detonan varios sectores productivos, se involucra a una gran cantidad de fuerza laboral y finalmente se obtiene un producto que por lo general acrecentará su valor a través del tiempo. La vivienda por su parte como género arquitectónico ha ido ganando relevancia a partir de cuando iba siendo asequible a más segmentos poblacionales el construir una de calidad, ya no solamente eran los palacios los exponentes relevantes del género.

En Aguascalientes la construcción de casas unifamiliares es una industria muy activa y si bien hay desarrollos donde se encuentran dispuestas bajo las pautas de prototipos, en los últimos años se ha renovado el gusto de recurrir a diseños personalizados nuevamente, y entre ellos los hay de buena calidad como aquella ubicada en la calle Sierra de Tepoztlán. De líneas contemporáneas sobrias y contundentes, testimonio positivo que quedará de nuestro tiempo, al margen de las circunstancias difíciles que nos rodean.