A finales del 2020, la actual administración federal, a través de su Secretario de Hacienda y Crédito Público, Arturo Herrera, presentó el paquete económico para el ejercicio fiscal en curso. Con esto, además de ser requerimiento de ley, se busca la asignación de los escasos recursos económicos, necesarios para lograr concretar los objetivos y estimaciones de crecimiento y desarrollo por parte del Gobierno Federal.

Como punto de partida, el Presupuesto de Egresos de la Federación para el 2021, considera un incremento nominal de 6.45 por ciento. Si habláramos en términos reales, alcanzaría un 3.3%. Conozcamos las generalidades del mismo, para concluir con una reflexión sobre la viabilidad de los objetivos planteados.

La Ley de Ingresos plantea una recaudación de 6.2 billones de pesos para el año actual. Dentro de éstos, el 56 por ciento equivaldrán a la percepción de impuestos. Con estos recursos, se plantea lograr un crecimiento real que oscile entre el 3.5 a 4.3 por ciento. La inflación volvería a encontrarse dentro del rango de oscilación propuesto por el Banco de México.

Para todo el año, en promedio, se pagarían entre 18 y 20 pesos por un dólar y se espera cerrar con una tasa de interés nominal de cuatro por ciento. Asimismo, se pretende lograr producir dos millones 27 mil barriles diarios, a un precio de 40 dólares por barril.

Dentro de la erogación de los recursos federales, vemos con buenos ojos cómo la austeridad está llevándose a cabo. Existe una reducción en el gasto destino al Poder Legislativo, así como a todos los órganos judiciales en alrededor de veinte por ciento, respectivamente. El gobierno también contempla un ajuste en el cinturón para los órganos autónomos de 10 por ciento.

Para los proyectos prioritarios del gobierno entrante, se destinarán poco más de 500 mil millones de pesos durante el 2020. Estos proyectos, (Tren Maya, Dos Bocas, Santa Lucía, Corredor Transístmico, y Tren México-Toluca) recibirán casi el doble de recursos que, en 2020, pese a cuestionamientos sobre su conveniencia y sobre todo en el tema de la rentabilidad. Infinidad de expertos, órganos internacionales e inclusive ex funcionarios de su propia administración, han advertido sobre el despilfarro y el profundo boquete que generarán, a un largo plazo, estas inviables obras. Como es de esperarse, la soberbia del presidente puede más.

En términos generales, se muestra un presupuesto fiscalmente responsable, el cual ha sido tomado bien por los mercados financieros; sin embargo, la eficiencia del gasto, pudiera alejarnos de las metas previamente mencionadas.

Vayamos por partes. Lo que primordialmente se observa en el tercer presupuesto de la administración lopezobradorista, es la distribución de los escasos recursos públicos, de manera asistencialista, en sus proyectos prioritarios. La política social, que hizo que llegara a Los Pinos, implica que las transferencias monetarias se harán de manera directa a los beneficiarios de los programas. Con la eliminación de los intermediarios, se consigue, según argumenta el propio gobierno, erradicar la corrupción. No olvides que es año electoral; el mas grande en la historia del país, por cierto.

El problema de estos programas, no debe ser simplemente erradicar la corrupción -sin estar de acuerdo con que exista-, sino buscar que el recurso destinado sea productivo para el país. Si bien es cierto que años anteriores, se ha pecado de la misma forma, el monto no representaba tan alto porcentaje como en esta ocasión. Estamos tropezando con la misma piedra.

Aunado a esto, existe recortes a rubros esenciales para lograr un mayor potencial económico en el largo plazo. El cuidado al medio ambiente, salud, educación, cultura, por mencionar solo algunos; se ven mermados en sus presupuestos y en su capacidad de impacto en la economía.

Para las secretarías que gozarán de un aumento presupuestal, éste no está bien focalizado. Por ejemplo, la Secretaría de Energía concentra más del noventa por ciento del presupuesto asignado al sector energético en los hidrocarburos. El gobierno está apostando por obtener mayores ingresos gracias a su explotación. Sin embargo, desde 2014 la caída de los precios internacionales del petróleo provocó que en los últimos cuatro ejercicios fiscales se redujera el ingreso en este sector.

López Obrador fijó como meta concretar un superávit primario de un por 0.7 del PIB para el 2019. Vaya descartándolo desde ahorita. La “responsabilidad fiscal” del presidente, trata de esconder su populismo.

OVERTIME

A pesar de existir profundas diferencias en la manera de pensar entre el presidente y el humilde abajo firmante, nunca se le desearía algún mal que ponga entredicho su salud. Al presidente López Obrador, se le desea una pronta recuperación de cualquier malestar que le aqueje, derivado de su contagio de COVID-19. Conociendo el particular actuar de nuestro Jefe de Estado, surgen dudas sobre la posibilidad de que esto sea solo una pantalla de humo. Esperemos no sea así.

 

 @GmrMunoz