Fernando López Gutiérrez

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La mayoría de las personas concibe a la economía como una ciencia social enfocada al estudio de los temas relacionados con el uso y aprovechamiento del dinero. A partir de la información que posee sobre las actividades que desempeñan los economistas, dicho grupo considera que el ámbito de aplicación de los métodos de análisis de esta disciplina se circunscribe exclusivamente al manejo de las finanzas públicas y privadas, al estudio y revisión de los indicadores macroeconómicos o a todo aquello que pudiera relacionarse con cuestiones monetarias.

Esta limitada visión en torno a los alcances del análisis económico puede ser transformada al revisar la obra de Gary Stanley Becker, uno de los más grandes economistas de la historia, fallecido a la edad de 83 años el pasado 2 de mayo.

El profesor Becker dejó un legado impresionante para el desarrollo de las ciencias sociales al aplicar los instrumentos de la teoría económica neoclásica en el estudio de múltiples fenómenos como la discriminación, el crimen, las relaciones familiares, el cumplimiento de la ley o el comportamiento social en general. Durante su vida construyó un sólido y coherente enfoque de análisis que permitió a la ciencia económica ampliar sus alcances en la comprensión y descripción de nuestra realidad.

Sorprende que a casi 22 años de que la labor de Becker fuera reconocida con el Premio Nobel, no se conozca siquiera que la economía, como campo de estudio, realiza en la actualidad aportaciones trascendentales en áreas como la sociología, la ciencia política, la salud, el gobierno o el derecho.

No faltan los detractores y críticos de las investigaciones y del enfoque que el profesor de la Universidad de Chicago desarrolló a lo largo de su vida. Sobran aquellos que sin comprender por completo el significado de su concepción respecto a la conducta humana y a la toma de decisiones descartan el enorme valor de sus aportaciones. A ellos, habría que recomendarles la revisión de su artículo (Nobel Lecture) The Economic Way of Looking at Life[1], en el que de manera clara expone su noción en torno a la maximización del bienestar individual y las restricciones propias de su marco analítico.

El profesor Becker es un ejemplo de honestidad académica e intelectual; el recuerdo de su vida una muestra de trabajo y convicción en torno las posibilidades que el conocimiento y la ciencia económica tienen para el logro de una mejor sociedad. Al respecto nada más ilustrativo que sus propias palabras en el momento de recibir el máximo premio que puede obtener un economista:

“Ciertamente, la economía no proporciona una visión romántica de la vida. Pero la pobreza generalizada, la miseria y las crisis en diversos lugares del mundo, en gran parte injustificadas, son fuertes recordatorios de que la comprensión de la economía y las leyes sociales pueden hacer una enorme contribución al bienestar de la gente”[2]

[1] http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/economic-sciences/laureates/1992/becker-lecture.pdf

[2] http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/economic-sciences/laureates/1992/becker-speech.html