Jorge Ricardo
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Hasta anoche no se conocía aún a nadie que hubiera invertido 500 pesos y resultara ganador, pero quizás no importaba.
Casi un millón de boletos, que fueron comprados con dinero de los decomisos de la FGR, se regalaron a hospitales públicos y de ahí salieron los primeros ganadores.
Por tratarse de un sorteo especial cada boleto de 500 pesos podía llevarse uno de los 100 premios por 20 millones de pesos.
Y así ocurrió con el Hospital del IMSS 1 de Nayarit. El Hospital ISSSTE de Fresnillo. El Hospital General Charo, de Michoacán. El Hospital General Regional del IMSS, en Toluca.
El Kinder de la comunidad El Yerbaniz, en Aramberri, al sur de Nuevo León, también resultó ganador y una fuente gubernamental explicó que el cachito que recibió fue una donación de un empresario, probablemente de esos a los que comprometieron en una cena en Palacio Nacional con 3 millones de boletos.
Los que llegaron a la Ciudad de México y casi lloran en el templo de la fe, la Lotería Nacional, en Paseo de la Reforma y Bucareli, se fueron desilusionados.
“Bueno, lo importante era ayudar”, dijeron algunos. O que les quedaba al menos el boleto de recuerdo de aquella vez “como cuando con Lázaro Cárdenas”, el pueblo ayudó al Presidente con su rifa del avión.
Hubo quienes desde las seis de la mañana estuvieron ahí con la fe puesta en el billete de 500 pesos en la bolsa. Compraron a la última hora sus “cachitos del avión”, armaron una fiesta y se fueron con las manos vacías.
También ahí el más cercano fue un hombre que viajó desde Celaya, con cubrebocas con la foto de López Obrador. Le faltó un dígito: un cero en lugar de un 1, para ganar uno de los 100 premios de 20 millones en que se dividieron los 2 mil millones de pesos del costo del avión presidencial que, a pesar de la rifa, seguirá parado.