Josemaría León Lara Díaz Torre

Nunca he ocultado mi personal disgusto por el futbol, tanto de manera pública como privada. Eso no quiere decir que no respete sus distintas manifestaciones y la trascendencia deportiva y cultural que representa de manera tan particular para la inmensa mayoría de los mexicanos. Y es probablemente mi punta de vista imparcial, lo que me permite reconocer la energía, la pasión y entrega de los aficionados a su equipo; algo que muy dentro de mi persona me cuesta entender, por el simple hecho de que dicho deporte no me representa gran cosa.
Es probable que yo esté en lo incorrecto, pero en el fondo, el futbol en México no es otra cosa que una gigantesca válvula de escape social; basta recordar que en las elecciones intermedias del 2015 se “optó” por no suspender un partido de la Selección Nacional en pleno día de elecciones. No podría ser más obvio y claro, se ha venido utilizando al deporte como una forma de manipulación y contención del pensamiento proactivo de la colectividad.
Además existen cuestiones dentro del futbol que rayan tanto en lo absurdo que se convierten en ofensivas. Es el caso de los exorbitantes sueldos que reciben algunos jugadores “estrellas”, por dar un espectáculo deportivo. Pareciera que nuestra sociedad es incongruente, al lamentarse y manifestarse por los sueldos de hambre que se viven en algunos rincones del país, mientras aplaudimos y nos asombramos que los ídolos del deporte ganen sumas, que un obrero en toda su vida ni siquiera podría soñar en alcanzar.
Cierto es que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, pero haciendo una suposición; imaginemos que en México tuviéramos maestros bien pagados en lugar de los jugadores de futbol excelentemente pagados, seguramente otro gallo nos cantaría. Sin embargo, por más vueltas que le intenté dar a un asunto que en realidad no entiendo del todo, solamente me queda pensar que es una verdadera utopía el lograr un México mejor educado y sin futbol; puesto que por más que me cueste aceptarlo, el futbol es parte medular de la cultura contemporánea en nuestro país.
Por otro lado, al vivir sumergido en su sociedad que desayuna, come, cena y respira futbol, hasta cierto punto he terminado por formar parte de ella, aunque sea como un intruso. Pues en este país los tópicos más recurrentes en cualquier conversación, son política o futbol; y resulta que aunque a uno no le guste, por lo menos tiene una obligación moral con la sociedad de saber los aspectos más básicos, para poder llevar la plática o la “fiesta” en paz.
Una importante parte de mí día a día, es el estar informado. Eso significa estar al pendiente de la prensa local, la nacional y por supuesto que la internacional; y dentro de todo esto procuro también estar vagamente informado de lo que pasa en el mundo del deporte y por consiguiente del balompié. Por ello sé, que actualmente la Selección de Futbol Nacional se encuentra en Rusia participando en la Copa Confederaciones.
Derivado de esto, me pongo a pensar si en verdad la FIFA resultó al final del día ser más inteligente que el pueblo mexicano. Lo que la prensa de vanguardia hoy en día llama el famoso “grito homofóbico”, que no es más que una expresión muy mexicana, aunque claro, eso el resto del mundo no lo entiende. Pues ahora nos pegaron donde más nos duele, en el orgullo de poder ser descalificados si los simpatizantes en las tribunas, se expresan de esa “manera” al momento de que el portero del equipo contrario despeje el balón.
A manera de conclusión y por más que me parezca simpático, cada vez que la Selección Nacional gana un partido, a todo el país le va mejor; simplemente porque los ánimos mejoran, porque se reanima de la esperanza de ser campeones, pero sobre todo porque nos une como país a pesar de nuestras múltiples diferencias.

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@ChemaLeonLara