Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

A diferencia de muchos personajes superheroicos del cómic, esta película, desde su arranque, no hará algo por ocultar su identidad, lo que desencantará a muchos y satisfará a aquellos que saben qué esperar de una cinta estelarizada por la comedianta Melissa McCarthy, en contubernio con su esposo-director-guionista, Ben Falcone (director de cabecera de su señora desde “Tammy”, pasando por “La Jefa” y “El Alma de la Fiesta”), pero ahora acompañada de una maravillosa actriz de carácter como Octavia Spencer, quien se toma en serio esta payasada superpoderosa que, justo es decirlo, logra sacar algunas risas gracias a la sutil inteligencia emocional del guion, y con esto me refiero a que las bromas y chistes son circunstanciales sin que la edad o apariencia física de las protagonistas se apoderen facilonamente del sentido del humor del filme (la única escena donde su ampulosa figura juega un rol es aquella cuando deben salir de un estrecho Lamborghini), por lo que este trabajo no es la trampa para chauvinistas que pareciera y sí un ejercicio de genuina química entre Spencer y McCarthy, quienes convencen, tanto en el departamento cómico como en el dramático, luciendo ajustados trajes de historieta que remarcan la idea de que, en esta producción, intención y efecto son dos cosas completamente diferentes.

La trama inicia con una explicación. Resulta que en el Año del Señor 1983, una ráfaga de rayos cósmicos bañó a nuestro planeta, dotando a unos pocos individuos de superpoderes, los cuales malograron su psique, tornándolos villanos o “malhechores”, como se les conoce popularmente. Uno de ellos es responsable de la muerte de una jovencita afroamericana muy inteligente llamada Emily, quien jura encontrar la forma de replicar la fuente de las asombrosas habilidades de estos malandros para combatirlos, apoyado por su mejor amiga, una regordeta chica de nombre Lydia, quien la cuida y protege de los abusones escolares, pero que actúa mucho más de lo que piensa. Estas características disímbolas en sus personalidades serán la causa de su alejamiento por 35 años, tiempo en el que Lydia (McCarthy) arruina su vida, viviendo casi como indigente, mientras Emily (Spencer) logra su objetivo. El destino querrá que se reencuentren de forma desastrosa en el laboratorio de Emily, lugar donde accidentalmente Lydia recibirá el don de una fuerza descomunal, mientras que la científica deberá conformarse con el poder de la invisibilidad (la cinta explica sucintamente por qué ambas no pueden tener más de un supertalento con ciertas bases científicas). Al final, con la asistencia de Tracy (Taylor Mosby), la hija adolescente de Emily, y Allie (Melissa Leo), la muy seria supervisora del laboratorio, lucharán contra el insidioso y también “malhechor” candidato a la alcaldía de Nueva York (Bobby Cannavale) y sus huestes criminales lideradas por la sádica Laser (Pom Klementieff) y su segundo, un hombre con brazos de langosta conocido como… La Langosta (Jason Bateman).

La historia busca consolidar una faceta vulnerable al género de superhéroes acaparado por Marvel y en menor escala por la Warner/DC Comics, por lo que mucho del moderado éxito argumental de esta cinta se debe a la lograda dinámica que desarrollan McCarthy y Spencer, no sólo como pareja dispareja, sino como dos mujeres con metas muy claras (aún si éstas se oponen intrínsecamente) que se necesitan una a la otra para localizar sentido a su existencia, por lo que la báscula narrativa encuentra suficiente peso entre sus respectivos elementos dramáticos –una es perdedora abismal, mientras que la otra sufre de orfandad crónica– y los diálogos y momentos graciosos, los cuales nos atosigan en momentos, pero siendo los más eficaces los que dominan. Por supuesto que “Fuerza Trueno” no reconfigura el cine superheroico, mas sí añade cierto pathos a sus poderosas figuras con ciertas gotas de mesura, algo de genuino entretenimiento y unas actuaciones que dejan ver lo bien que estas actrices se lo están pasando. Además, está Jason Bateman con miembros de crustáceo y creo que eso ya vale una interrupción a nuestras actividades para darle una oportunidad a la película.

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