Jesús Eduardo Martín Jáuregui

En cuatro o cinco partes del país, una de ellas la delegación Gustavo A. Madero de la capital de la República, se documentó que a otras tantas personas no se les aplicó la vacuna del COVID sino solamente el piquete con una jeringa vacía. En alrededor de diez millones de vacunaciones la constancia de estas fallas humanas no debe tener mayor consecuencia que reparar la omisión y redoblar la supervisión y, en todo caso permitir que los viejos (como el suscrito que habla) pudiéramos ser asistidos por alguien que nos ayude a verificar el proceso de vacunación. Ni es una catástrofe, ni es para rasgarse las vestiduras, ni para condenar todo el proceso de vacunación, lo que sí es lamentable es que el señor Epidemio Embarra apunte y el presidente de la República se la compre, la teoría de la conspiración: esto es un montaje para desprestigiar a la 4T urdido por los “chayoteros” fifís. Los casos están documentados, se han reconocido, se han sancionado (quizás exageradamente) al personal paramédico responsable, pero el presidente sigue insistiendo en que puede tratarse de un montaje.

La estrategia del presidente es tan simple, tan obvia y tan repetida que lo que llama la atención es que todavía existan personas que se la compren. En lugar de decir se investigará y sancionará en su caso, aprovecha para embestir contra su petate de muerto: conservadores y fifís, desprestigiar a sus “adversarios” y de entrada, preparar el terreno con un culpable anticipado: si algo aparece que esté mal se trata de un montaje perverso de nuestros adversarios. Esto sí es un montaje cuyo guion seguramente ha sido pergeñado por Epidemio: 150 millones de pesos bien valen este engaño y otros más.

La estrategia también se ha aplicado al más reciente mejor villano favorito del Mesías palaciego: Lorenzo Córdova y el Instituto Nacional Electoral. El presidente inicia el ataque y de inmediato es secundado por una cauda de seguidores a sueldo, por los gatilleros de la 4T, los intelectuales orgánicos invertebrados, los chayo4Teros de nueva hornada, las granjas de bots que se encargan de difundir mensajes que, aparentemente crean tendencias, que repiten unos consciente y otros inconscientemente las consignas. Me recuerdan aquella anécdota de la campaña del profesor Carlos Hank González para la gubernatura del estado de México, en la que en un mitin uno de los acarreados se desgañitaba gritando: “Arriba Juan González”, pa’pronto el líder seccional le corrigió: “Hank no Juan”, -Ah chiflaos – contestó el otro – Ora por 50 varos hasta en inglés hay que gritar -.

La desconfianza está sembrada. La máquina del desprestigio se echó a andar. De la calumnia algo queda. La ignorancia y la pobreza es tierra fértil para el mesíato y en México, para mal, cerca de la mitad de la población arrastra ambas lacras.

El líder de la Cámara de Diputados, emergente del pantano del fraude de la línea 12 del Metro sin mancha alguna por obra de la Lavandería de la 4T que restaura la blancura con medios garantizados, sale a condenar a la institución a sabiendas de que, a estas alturas del partido ni las leyes, ni los integrantes, ni los procedimientos del INE se podrían cambiar, sin poner en grave riesgo a lo que resta del sistema democrático electoral. Pero no se trata de cambiar al INE, no se puede. Se trata de lanzar torpedos bajo su línea de flotación que preparen el terreno para la hoguera que, en caso de que Morena pierda el control del Congreso como resultado de las elecciones, se encenderá sin importar, las consecuencias.

Durante su primera campaña, el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas, aquí, en el rancho El Huasteco del Lic. Manuel Moreno Sánchez, nos dijo al Dr. Desiderio Macías Silva, a mi compadre Yannis Pilihos y a mí, que el descontento que percibía en su recorrido de campaña por el país, era mayor del que él “razonablemente había esperado” y que su reto era “lograr encauzar toda esa inconformidad para que no desembocara en un estallido social”. Sin duda una visión patriótica y sensata. Cárdenas pasará a la historia como el factor más importante para la apertura democrática del país.

Lejos parecían haber quedado las prácticas mapachiles en las elecciones (en la jerga electoral le llamaban “mapaches” a los operadores políticos, partidistas u oficiales, que por medio de maniobras fraudulentas de diversos tipos falseaban los resultados de una elección). Los ajustes que ante la presión social y, desde luego, la presión internacional, particularmente la de los güeros, nuestros vecinos, tuvieron que hacerse para democratizar los procesos electorales se iniciaron con los “diputados de partido”, condición para participar en la ALALPRO (Alianza para el Progreso), culminaron probablemente con la declaratoria del triunfo de Vicente Fox, que anunció el observador de EE.UU. para la elección en México, el ex-presidente Jimmy Carter, luego lo secundó el presidente Ernesto Zedillo.

Ya no hay urnas embarazadas, ya no hay “carruseles”, ya no hay ratones locos, ya no hay cambios de casillas, desapareció la sustitución de urnas, las actas no se esfuman porque los partidos tienen representantes prácticamente en todas las casillas, los sistemas no se caen porque los programas de resultados preliminares se soportan en los representantes y observadores electorales, sin embargo los mecanismos se han vuelto mas sofisticados y se orientan a lograr la manipulación ya no del voto, sino de los votantes. Los votos se cuentan y difícilmente pueden hacerse chapuzas en las casillas.

La manipulación de los votantes está afuera. En un país en que la limosna de una pensión significa la diferencia entre tener un trozo de pan y un refresco a tener la panza vacía, muchos votarán por conservar ese mendrugo. La exaltación del resentimiento es también un recurso para atraer el voto. El ánimo vindicatorio funciona también como acicate contra el voto de castigo contra el neoliberalismo causante de todos los males, habidos y por haber.

Pero si todo eso no funciona, si a pesar de los mecanismos manipulatorios se impone la cordura de no darle más poder a quien ha hecho tan mal uso de él, siempre quedará el recurso de echarle la culpa al árbitro.

¡El INE desde ya, es el enemigo!

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