Mauricio Ángel/Agencia Reforma

CDMX.- Ernesto Gómez Cruz, un emblema del cine mexicano con cerca de 200 créditos a su nombre, incluyendo roles destacados en «Los Caifanes» (1967) y «El Imperio de la Fortuna» (1986), falleció a los 90 años, dejando tras de sí el deseo de seguir actuando. Con participaciones en películas fundamentales como «El Infierno» (2010) y «El Callejón de los Milagros» (1995), su carrera se vio mermada en sus últimos años por problemas de salud, incluido un avanzado Alzheimer que lo alejó de las cámaras. Según relató su hija Virginia Gómez Barrientos, el deterioro cognitivo del actor lo llevó a rechazar alimentos y agua, sufriendo además de constantes dolores hasta su fallecimiento.
Gómez Cruz comenzó su carrera en «Los Caifanes», obteniendo por este papel una Diosa de Plata y el interés de reconocidos directores como Jorge Fons y Arturo Ripstein. Su talento lo mantuvo vigente hasta el siglo XXI, participando en «El Crimen del Padre Amaro» (2002) y «El Infierno». Su partida fue sentida por colegas y amigos, quienes recordaron su alegría de vivir y su determinación para triunfar en el ámbito artístico desde su juventud en Veracruz hasta su consagración en la actuación, considerándolo un icono y un legado para la industria.
A pesar de los numerosos premios Ariel recibidos, incluido el Ariel de Oro en 2014, sus últimos años estuvieron marcados por roles en televisión. Amigos de larga data, como Salvador Sánchez y Roberto Sosa, lamentaron que su enfermedad lo alejara del reconocimiento continuo que su talento merecía. Su familia planea cremar sus restos y cumplir su deseo de esparcir sus cenizas en Veracruz, honrando su memoria y su contribución al cine mexicano.

ASÍ LO DIJO
«El mero mero».
Guillermo del Toro

«Uno de los más grandes actores mexicanos».
Joaquín Cosío