Salvador Camacho Sandoval

A la memoria del Lic. Efrén González Cuéllar.

El legado

México seguía convulso, agitado por las disputas políticas que frenaban la concreción de los ideales de la revolución. A pesar de ello, o por esto mismo, al iniciar los años cuarenta del siglo XX, un grupo de personas, principalmente del mundo de las artes, se reunió para crear el Seminario de Cultura Mexicana. La fecha precisa de su creación fue el día 28 de febrero de 1942, por Acuerdo Presidencial e iniciativa de José Vasconcelos. La Secretaría de Educación Pública fue la instancia oficial que respaldó dicho proyecto y es la que apoya desde entonces algunas de sus actividades.

Los miembros fundadores fueron los pintores Frida Kahlo, Ángel Zárraga y Antonio M. Ruiz; los escultores Carlos Bracho, Luis Ortiz Monasterio y Arnulfo Domínguez Bello; los músicos Julián Carrillo, Manuel M. Ponce y Esperanza Cruz de V.; la cantante Fanny Anitúa; el grabador Francisco Díaz de León; el físico Manuel Sandoval Vallarta; los profesores Luis Castillo Ledón y Matilde Gómez, y los escritores Gabriel Méndez Plancarte, Gregorio López y Fuentes, Enrique González Martínez y Mariano Azuela. En el grupo había diferencias ideológicas y políticas, pero los unía el interés por impulsar actividades artísticas, humanistas y científicas para beneficio de la población.

El Seminario de Cultura Mexicana buscó desde un inicio extenderse a lo largo y ancho del territorio nacional, de manera que sus fundadores establecieron comunicación con personas del medio cultural en algunas ciudades de la República para crear corresponsalías. Su función era, y sigue siendo, “propagar cualquier material cultural desarrollado en la entidad”. En Aguascalientes el contacto lo estableció el artista plástico Francisco Díaz de León, logrando que el estado tuviera una de las primeras corresponsalías en el país. Su creación fue el 24 de julio de 1943.

Según Adrián Rodríguez Sánchez, quien ha investigado la historia del Seminario, tres fueron las personas clave en la entidad que fundaron la Corresponsalía: el profesor Alejandro Topete del Valle, el médico Salvador Gallardo Dávalos y el impresor Francisco Antúnez Madrigal, posteriormente se incorporaron otras persona, destacando Elvira López Aparicio, la única mujer que, no obstante las dificultades sociales, logró obtener la licenciatura de Literatura Española, Mexicana, Iberoamericana y Universal, y la maestría en Lengua y Literatura Española en la Universidad Nacional Autónoma de México.

La Corresponsalía de Aguascalientes se sumó a los objetivos que, luego, en 1949 se publicaron en el Diario Oficial de la Federación, al aprobar la Ley Orgánica del Seminario de Cultura Mexicana, donde se reconoce que se crea “una institución al servicio de la cultura del país, dotada de personalidad jurídica, en la que se hallarán representadas las diversas ramas y tendencias de las ciencias, las letras y las artes”. En dicho documento se estipula, además, que los miembros del Seminario deben ser personas que se distingan en “labores de creación e investigación científicas o artísticas y que hayan demostrado capacidad y empeño en trabajos de difusión cultural”. Estos nombramientos son vitalicios.

Aguascalientes, de esta manera, se sumó al proyecto de fortalecer el nacionalismo cultural y apoyar la estrategia de unificar y estabilizar al país, después de dos décadas convulsas, en las hubo guerra cristera, reparto de tierras, movilización de trabajadores y encendidas disputas por el poder. Al mismo tiempo, la Corresponsalía asumió su propio rumbo, a partir de las características propias del grupo, del perfil de sus líderes y del contexto de una entidad con rasgos particulares que, a su manera, concibió los propósitos y actividades del Seminario. Desde esta perspectiva, la cultura de la “Patria chica” podía no ser del todo fiel a los ideales del grupo que desde Ciudad de México impulsaba la asociación, y dejaba ver que el país era culturalmente plural y diverso, rico y colorido en expresiones, historias y símbolos identitarios.

Sembrar semillas de cultura

Jesús Díaz de León, oriundo de la ciudad, pero radicado en la Ciudad de México, llegó a Aguascalientes en 1943 y dejó una semilla que dio frutos. A casi 80 años, la Corresponsalía sigue en su afán de hacer realidad aquella misión que él vino a compartir. Ella se ha conformado a través del tiempo con mujeres y hombres comprometidos con el enriquecimiento de una tradición cultural que ha existido en Aguascalientes, pero que saben que la tarea no es fácil y que hay que hacer más, como asociación y, junto con otras personas, organizaciones e instituciones de la entidad y el país que tienen propósitos semejantes.

 Sabemos que, frente a las adversidades de hoy, que no son pocas, todos tenemos la obligación de buscar soluciones y reivindicar, para hacerlos realidad, los valores de la vida, la justicia y la felicidad. Los alcances del Seminario de Cultura Mexicana, con sus corresponsalías dentro y fuera del país, han sido modestos para tan grandes y ambiciosos ideales, pero hay conciencia de trabajar teniendo utopías para con ellas poder andar, tal como cuando al inicio del siglo XX Manuel M. Ponce propuso crear “el alma nacional” o cuando José Vasconcelos, desde la Secretaría de Educación Pública, insistió en impulsar la cultura para “engendrar progreso”. Sabemos que ambos fueron parte de un grupo de artistas e intelectuales que construyeron con su obra artística, sus propuestas sociales y su espíritu de rebeldía un “renacimiento mexicano”.

Quienes estamos en la Corresponsalía Aguascalientes somos conscientes de ese legado histórico y cada uno, desde nuestras áreas de trabajo y disciplinas, queremos establecer puentes con la gente de la entidad. Por esto, hoy iniciamos una sección de la Corresponsalía del Seminario de Cultura Mexicana en el diario El Heraldo de Aguascalientes. Nos mueve el deseo de compartir inquietudes que derivan de nuestro quehacer cotidiano, propiciar el diálogo y reivindicar la cultura como una expresión del ser humano que se re-dignifica a sí mismo y busca mejores relaciones con los demás y la naturaleza. La hemos nombrado “Semillas de cultura”, porque, como bien lo señaló el presidente de la Corresponsalía, el Dr. Luis Muñoz, “Semillas implica la esperanza de su germinación futura para el bien de nuestra comunidad”.

El diario El Heraldo de Aguascalientes ha abierto un espacio para que compartamos conocimientos, inquietudes y opiniones. Los textos estarán ajenos a lineamientos políticos partidistas y gubernamentales, sin que por ello se dejen de analizar aspectos sociales y políticos relevantes, aunque no será prioridad ni el propósito central. Por el perfil de los miembros, se publicarán escritos diversos, habrá temas sobre música, artes plásticas, teatro y literatura, así como reflexiones y análisis críticos desde las ciencias sociales y las humanidades. Lo que ha ocurrido y ocurre en Aguascalientes será foco de atención, pero también se podrán tratar temas nacionales e internacionales, incluso los temas podrán no tener un referente geográfico y social específico. Los asuntos del ser humano van mucho más allá, de manera que las perspectivas de la filosofía y el mundo de las artes tienen un espacio sobresaliente en esta sección.

Quienes integramos la Corresponsalía somos parte de una estructura de más de mil personas en el país y en algunas ciudades del extranjero, es decir, de un “ejército de seminaristas” que retoma elementos de la filosofía vasconcelista de culturizar a México, y que va más allá, porque quiere conservar, enriquecer y difundir un patrimonio cultural que, de alguna manera, ya forma parte del mundo globalizado.

Después de 80 años de haberse creado y ahora con corresponsalías en 57 ciudades, el Seminario de Cultura Mexicana enfrenta grandes retos, algunos de los cuales son también retos de México, como el generar ambientes de paz, mejorar los niveles de bienestar entre la población y favorecer una convivencia armoniosa con la naturaleza. La corresponsalía de Aguascalientes se suma, por tanto, a los esfuerzos que en otras instituciones y organizaciones trabajan en esta dirección.

Usamos aquellos espacios propicios para generar diálogo y cumplir con la misión que ha sido encomendada. También sabemos que una de las maneras más importantes para alcanzar un desarrollo social armónico y en paz, es fortalecer la cultura, que da fundamento y visión para construir un mejor futuro. Y, como bien lo recordó el filósofo Friedrich Nietzsche, ese futuro que visualicemos desde ahora tiene que dictar las leyes de nuestra actualidad y de nuestro comportamiento.

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