Iris Velázquez
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO 16-Aug-2020 .-Evan Narciso, de 10 años, no consigue hablar con claridad. Nació con un hueco en el paladar. Su escuela cerró y desde entonces, dejó de ver a su terapeuta e interrumpió las clases de lenguaje de señas.
Él vive en Tlalnepantla, pero sus padres contrajeron el Covid-19 y lo enviaron a Puebla, donde es cuidado por sus abuelos.
En la comunidad de Temextla la señal de televisión no llega para ver Aprende en Casa, además de que el programa no contempla lecciones para este tipo de discapacidad, por lo que el niño acude todos los días con sus abuelos a hacer labores del campo.
Su abuela Leonor lamenta que el coronavirus haya afectado de diversas maneras a su familia.
“Le afecta mucho porque él tenía su terapeuta. Él tenía su terapeuta para que pudiese hablar con señas y todo eso lo suspendieron. Tenía su terapeuta para que pudiera ser un niño normal. Ser un niño más normal de lo que es y sinceramente sí nos afectó mucho. Le afectó y le está afectando al niño”, lamenta.
No obstante, asegura que ella y su marido han hecho todo lo posible para enseñarle a hablar, pero sólo de manera empírica, pues no cuentan con asesoría profesional, y aunque a estas alturas debería de saber leer y escribir, conoce solamente algunas letras y colores.
“Él ayuda a su abuelito, va a dar de comer a los pollos, a los marranos, ahí anda, pero es algo que aquí. A él le sirve un poquito de distracción, pero pues sinceramente sí le hace falta sus estudios, su terapeuta le hace mucha falta.
“La petición (para que la pandemia termine) es que tuvieran todos los cuidados que hacen falta para que no se enferme más gente, bueno también eso depende de nosotros. Tener lo que nos han dicho, cubrebocas, gel, mucha limpieza en las manos cada vez lavárselas; yo creo que eso deberían de inculcárselo allá a los niños”, añade.