En 2005, el economista Steven Levitt y el periodista Stephen J. Dubner publicaron el libro Freakonomics, el cual, mediante casos no tradicionales de estudio, comprueba dos ideas importantes para entender la economía y en general las relaciones humanas. La primera: no es lo mismo causalidad y correlación; la segunda: todas las personas responden a estímulos.

Mediante ejemplos poco ortodoxos, incluso incómodos para la moral de uno que otro, los autores comprueban mediante el rigor de la estadística descriptiva e inferencial, que muchas veces se explican comportamientos con motivos erróneos y que una manera burda pero eficiente de dirigir las conductas humanas, es a través de incitaciones directas.

En un momento académico en donde se confrontan en la arena de las ciencias sociales las teorías que reducen el comportamiento humano a decisiones racionales cargadas de interés y otras (que se niegan a morir) que defienden que el individuo no puede alejar de sus actuaciones a los principios que le señalen su dignidad o su moral, el libro abona al debate defendiendo una postura y paradójicamente, termina por advertir lo riesgoso de ésta.

En cuanto a la primera idea, es decir, a la diferencia entre causalidad y correlación, esta obra pone algunos ejemplos para demostrar el camino tan resbaloso en el que los estudios econométricos, estadísticos y económicos pueden caer.

Por ejemplo, según el libro, algunos estudios señalaban que el nombre de las personas tenía incidencia en su éxito profesional, la conclusión la obtenían del análisis descriptivo de nombres de ciudadanos en Chicago que demostraba que las personas con nombres afroamericanos tenían menos éxito que las personas con nombres usados por gente blanca. Lo anterior representaba un error evidente pues el fracaso o éxito de estas personas sí tenía una causalidad pero no era el nombre sino la segregación cultural y el entorno más favorable que tiene una blanca de una afroamericana. En resumen, la cultura era la que realmente determinaba el nombre y la que incidía en las diferencias de éxito entre personas.

Un ejemplo más de lo delicado del uso de las variables para explicar comportamientos. A principios del siglo pasado ante la crisis de salud que se generó en Estados Unidos por la polio, algunos informes señalaron que el consumo de helado era el factor detonante de esta enfermedad y lo argumentaron estadísticamente en razón de que en verano los niños comían más nieve y también en verano los casos de polio aumentaban. ¿Qué tal?

Conclusión: no porque exista correlación existe causalidad, cualquier analista que utiliza los números para formular modelos o plantear hipótesis, debe de forma previa razonar el caso con seriedad y profundidad para no patinar en conclusiones erróneas.

En cuanto a la segunda de las ideas, es decir, la que señala que se puede predecir el comportamiento de todas las personas mediante la implementación de estímulos directos, el libro utiliza varios casos para comprobar esta escalofriante posibilidad, al respecto enunciaremos solo uno: la mejora en las calificaciones de jóvenes que recibían dinero a cambio.

En una “high school” (equivalente a nuestro nivel de secundaria) de Chicago, los autores del libro hicieron un experimento consistente en pagar 50 dólares cada vez que un alumno mejoraba su promedio de calificaciones mensual, al final del camino, incluso casos de jóvenes de comportamiento antisocial o con problemas de adicciones, optaron por estudiar más para ganar dinero. La conclusión: el estímulo de sacar buenas calificaciones para tener una vida exitosa era insuficiente por ser un resultado a largo plazo y en cambio, el recibir dinero era un estimulo eficiente.

Bajo este experimento y demás ejemplos, los autores buscaron afirmar su segunda hipótesis: se puede predecir el comportamiento humano ante la implementación de estímulos. Más allá de refutar sus análisis y poner en entredicho los caminos que determinaron para crear modelos y formular sus teorías, es innegable la realidad que afirman de que el hombre reacciona a estímulos, ante esto, vale la pena advertir lo riesgoso de esta situación.

Así como se pueden implementar estímulos para lograr comportamientos adecuados como en el caso de los alumnos que mejoraban su nivel escolar a cambio de recibir dinero, de igual manera, esta forma de “manipulación” puede tener un uso pervertido que genere resultados poco correctos, por ello, la ética juega el rol determinante en la debida aplicación de esta herramienta. Por otro lado, el afirmar en términos absolutos que se puede predecir un comportamiento humano según el estímulo que se le aplique es tanto como reducir al humano a una máquina con reacciones de interés alejadas de valores éticos, en palabras de Amartya en Los Tontos Racionales: Una crítica sobre los fundamentos conductistas de la teoría económica, los principios de ese homo economicus, son los de un imbécil social, un tonto sin sentimientos que es un ente ficticio sin moral, dignidad, inquietudes ni compromisos.

@licpepemacias