Por J. Jesús López García

Hace alrededor de ochenta años surgieron los planteamientos de los fraccionamientos y promoción inmobiliaria modernos en la ciudad de Aguascalientes. De forma original, la vivienda en capitales como la nuestra –y en general donde se propicie el fenómeno urbano-, se disponía en barrios en que se aunaban lo mismo el sitio de la vivienda así como el de la unidad productiva de la familia que ocupaba la casa. De esa manera vivienda y lugar de trabajo se convertían en una célula que constituía parte de un conjunto en que el fenómeno se repetía y traía como consecuencia la formación de distritos más o menos especializados en labores concretas: barrios de alfareros, hortelanos, adoberos, loceros, entre otros más.

Con la apertura de los Talleres del Ferrocarril Central Mexicano y de la Gran Fundición Central Mexicana a fines del siglo XIX, los barrios empezaron a ceder su lugar a las colonias que lo mismo podían ser de obreros y trabajadores relacionados con esos procesos de industrialización o bien de corte residencial. En ese desarrollo urbano también surgieron las vecindades que ofrecían a un costo bajo la renta de viviendas de tamaños variados para quien muchas veces de manera provisional llegaba a la ciudad tratando de encontrar un lugar en la fuerza laboral fija. También se dieron las “privadas” que eran producto de la partición de las viejas huertas o sitios de establos que una vez alcanzados por la expansión de la ciudad, se conformaban como pequeños “clústers” en torno a calles locales, a menudo cerradas.

Para la década de los cuarenta del siglo XX, dio inicio lo que ahora sigue siendo la base del desarrollo urbano en general: los fraccionamientos, que pueden ser habitacionales la mayoría pero que también bajo esa figura pueden ser dedicados a los servicios, al comercio, a cuestiones industriales y de tipo especial. Los cementerios también son un tipo de fraccionamiento. Los primeros en constituirse en nuestra ciudad bajo esa figura normativa fueron el fraccionamiento Madero Zaragoza, el fraccionamiento Persia (1947) -una pequeña unidad entre las calles Vasco de Gama y Persia- y el fraccionamiento Primavera (1947). Para los años cincuenta aparecieron los fraccionamientos Jardines de Ojocaliente (1954), Industrial (1953) y Jardines de la Asunción (1956), la mayoría de ellos en lo que representaba los límites de la mancha urbana, como lo era el estanque de la Cruz y la salida a Zacatecas al norte, en la salida a México con el fraccionamiento Jardines de la Asunción, y en el oriente con el fraccionamiento Jardines de Ojocaliente.

Estos desarrollos inmobiliarios se promovieron como parte de la “avanzada” moderna en el vivir a la usanza actual y se centraban en un mercado igualmente moderno. En su publicidad para la venta de terrenos se hacía referencia a un público constituido por una familia nuclear joven con pocos hijos, haciéndose alusión al espacio ajardinado y a las vías de comunicación eficientes. Además se enfatizaba en las bondades de la inversión. Esto es importante pues coincide con el momento en que los bienes inmobiliarios se empezaron a constituir como base de los bienes patrimoniales de los norteamericanos después de la Segunda Guerra Mundial, situación que fue trasladada a nuestro país de modo casi inmediato.

Estos fraccionamientos también ofrecían a sus clientes posibles y reales el ideal de una arquitectura cosmopolita e igualmente eficiente y moderna donde se retomaban rasgos como el de la disposición en “chalet”, con áreas verdes alrededor de la casa –o en su defecto al frente y atrás-, espacio para cocheras y líneas rectas en su volumetría donde la transparencia del vidrio reinaba sobre macizos muy sencillos destacándose en estos los cantos de las sencillas losas. Los muros de lienzos lisos y con frecuencia blancos daban a esas casas –particularmente las del fraccionamiento Jardines de la Asunción- ese aire moderno tributario de las residencias californianas de los arquitectos Rudolf Schindler (1887-1953) o Richard Neutra (1892-1970). En nuestra ciudad, uno de los arquitectos en intervenir en este episodio de las casas habitación locales en diversos fraccionamientos y en el centro fue Ramón Ortiz Bernadac (1928-2019) que una vez afincado en nuestra ciudad, produjo no solamente casas sino también algunos edificios que han perfilado la imagen de Aguascalientes en algunas de las calles mayormente transitadas, basta citar el edificio Woolworth en la esquina de las calles Gral. Ignacio Allende y 5 de Mayo.

Localmente en la calle Fray Antonio de Segovia No. 202 esquina con Hernando Martell en el fraccionamiento Jardines de la Asunción, existe una residencia de líneas horizontales que se vuelca hacia el sur para aprovechar las bondades de la mejor orientación a la que abre sus vanos. Su composición se basa en dos paralelepípedos superpuestos para hacer las veces de partesol. Un esquema muy sencillo, sin embargo muy atrayente a la vista, totalmente contemporánea y característica de la arquitectura de ese asentamiento que bajo ciertas pautas de diseño, e incluso repitiendo algunas fórmulas produce sin embargo una imagen variada pero al mismo tiempo homogénea.